¡YA NO MAS!

Sandra López A.

¡YA NO MAS!

Por: Sandra López A. – GAMMA
Fecha:29 de noviembre, 2005
Luna menguante

Después de todo lo escuchado y analizado durante estos días a propósito del 25 de noviembre, día de la No Violencia en contra de las Mujeres, queda flotando la pregunta ¿qué hacer? Y es que nos quedamos sin palabras frente a los testimonios de mujeres que han sufrido violencia doméstica y que dicen “ya no más” con un nudo en la garganta.

Por un lado está la necesidad de actuar como sociedad para alterar definitivamente patrones de comportamiento que han convertido la agresión en situación cotidiana y “normal” y han consolidado certezas sobre la violencia como característica connatural al ser humano; finalmente si así fuera, ¿por qué no cambiar una conducta o adormecer un instinto que solamente nos lleva a la infelicidad? o alguien que golpea puede afirmar que es feliz, ni qué decir de quien es golpeada; casos existen de grupos sociales en donde se ha sustituido la violencia por el diálogo y la conversación, términos que con seguridad nos remiten a cualidades y comportamientos netamente humanos. Cambiar esta conducta violenta y agresiva pasa por cambiar el sentir, el pensar, el decir y finalmente el hacer de mujeres y de hombres. Este cambio exige una deconstrucción de los mitos y creencias que sostienen un comportamiento violento y autoritario por un lado; pasivo y dependiente por el otro. Debemos reconocer que existe , debemos romper el silencio, y llamar a las cosas por su nombre: violencia doméstica, un problema de salud pública que arrasa con la vida de miles de mujeres, y que por cierto afecta el desarrollo integral de un país, o se puede hablar de desarrollo y de crecimiento económico con un grupo importante de mujeres imposibilitadas para trabajar por “calamidad doméstica”, o “accidente” como comúnmente se disfraza esta violencia.

El qué hacer por otro lado, tiene que ver con la apertura de espacios para difusión, terapia y formación que posibiliten para mujeres y hombres dar pasos individuales, en pareja y grupales, en busca de comportamientos más sanos. Las mujeres debemos dejar de lado el convencimiento de que “la culpa es nuestra”, o de que “si así fue con mi madre, conmigo por qué no”. Es necesario luego, buscar apoyo en personas cercanas y lugares seguros; si rompemos el silencio, estaremos rompiendo las estructuras de un círculo de muerte en el que nos obligamos o nos obligan a permanecer por diferentes circunstancias. Los hombres por su parte, deberán dejar de lado prácticas erradas que obligan a la violencia como demostración automática de virilidad y comenzar a pensar que el uso de los golpes y de agresiones de diversa índole no son testimonio de hombría sino de deshumanización, más todavía si la agresión la cometemos en contra del ser a quien le hemos jurado amor y protección para toda la vida.

Finalmente mujeres y hombres, instituciones educativas, iglesia, medios de comunicación, debemos hacernos eco de estas palabras: “ya no más”

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