APRENDIZAJE: FORMACIÓN O INFORMACION

Nidya Pesántez Calle

Ponencia para el I Encuentro Regional sobre Acompañamiento Organizacional al Desarrollo

APRENDIZAJE: FORMACIÓN O INFORMACION

Por: Nidya Pesántez C.

Las personas estamos, aparentemente, en un constante e imparable proceso de aprendizaje, cada experiencia nueva nos propone un nuevo conocimiento; sin embargo, éste se hará efectivo sólo si queremos y decidimos que así sea. De esta decisión dependerá lo que construyamos en nuestro interior: personas con autonomía y con capacidad de discernimiento o, personas con un gran cúmulo de información. ¿Qué queremos ser? Y por lo tanto, ¿Qué podemos hacer con nuestra intervención en el desarrollo?.

Definir elementos teóricos o metodológicos del aprendizaje de las personas adultas en el marco del desarrollo, pasa necesariamente, por la concepción que tengamos sobre esta categoría, así, mientras más humanista sea nuestro concepto, más humilde y ambiciosa será nuestra propuesta en el campo del aprendizaje.

El aprendizaje posibilita que tomemos aquellos elementos nuevos que recibimos e impartimos simultáneamente –sean estos teorías, métodos o experiencias- para recrearlos, enriquecerlos, renovarlos con miras a transformar nuestro entorno y nuestra práctica en su diversa forma de aplicación; podemos jugar con cada aspecto aprendido en la medida en la que se transformó en un nuevo conocimiento. Cuando retomar dichos elementos para su recreación y enriquecimiento se nos vuelve difícil o imposible, cuando se nos vuelve inaplicable y no es fuente de cambio, no hablamos de aprendizaje, hablamos de la adquisición de nuevas referencias.

Partiendo de este planteamiento, pensamos que es preciso en el campo del desarrollo retomar el aprendizaje diferenciando dos mecanismos de intervención y de actuación –incluso más allá del desarrollo-: la formación y la información. ¿Cuándo efectivamente nos estamos formando y cuándo sólo nos informamos?. ¿Cuánto formamos y cuánto informamos?. ¿Cuán enriquecedor puede ser informarse y cuánto puede ser el formarse?. Cada persona tiene su propia apreciación al respecto, hoy haremos un planteamiento sobre estos dos puntos de partida y cada quien decidirá su punto de llegada.

Hablemos de la información

El propio prefijo del término información: “in” al tener un significado privativo, da cuenta de un sentido opuesto al de la acepción de la palabra formación, ¿Es una mera coincidencia?, usted dirá. Por supuesto, el prefijo “in”, significa también “en” o “hacia”, se puede decir entonces, que la información es un componente que nos lleva “hacia” la formación o nos tiene “en” formación. Pero antes de dar una respuesta vamos a situarnos en el momento presente y a reconocer el significado y connotación de esta categoría.

En la actualidad la humanidad tiene abiertas puertas y ventanas a la información, especialmente aquella parte del planeta que tiene acceso a los medios masivos y a la tecnología de comunicación. ¿Por qué le damos tanta importancia a mantenernos informadas e informados y no así a nuestra propia formación?.

Podríamos hablar de tres elementos que han puesto a la información sobre la formación: 1) es tiempo del tiempo, es decir, no contamos con él; mientras más rápido y ágil sea lo que nos llega mejor; no tenemos oportunidad de profundizar para elaborar nuestro propio conocimiento, aquel que nos posibilita discernir. Todo aquello que titule “10 pasos para…”; “20 minutos para conocer todo sobre…”; “aprenda en un mes…”; “carreras cortas…”; etc., tendrán una acogida impresionante en la sociedad. 2) Si no sabemos lo que sucede en el Ecuador y en el mundo no formaremos parte de “la ronda” (en palabras de Kundera); no podemos quedar fuera, es intolerable no conocer todos los detalles sobre un suceso o evento que se volvió noticia, por lo tanto las horas clave del día son aquellas en las que podemos ver noticias, leer noticias o escuchar noticias. 3) Información hay para todas las personas, pero conocimiento no. El conocimiento cuesta más: tiempo, dinero, voluntad; la información puede llegarnos incluso sin que le dediquemos un tiempo específico; no requiere de fuertes inversiones y no necesitamos ponerle voluntad. Está allí, en la radio, en la prensa, en la televisión, en la computadora.

Podríamos decir que a través de la información ganamos elementos para nuestra formación, pero si partimos de la realidad en la que vivimos en torno a la información, es comprobable que ésta, lejos de aportar en la formación, incrementa un proceso de deformación de las personas. Mencionemos tan solo tres elementos de la información actual que dan cuenta de lo dicho:

1) La información masiva es trivial: se buscó una forma de poder concentrar a cientos de miles de personas frente a elementos comunes: un hecho, una publicidad, una propaganda, una novela, y el mecanismo encontrado fue la trivialización de lo que se presenta, así, todo tiene un sentido similar y dejamos de distinguir la realidad de la fantasía especialmente en la televisión y prensa. En palabras de Oscar Raúl Cardozo “la comunicación de realidades complejas y/o para audiencias masivas, demandan un grado importante de trivialización. Éste es un requisito, el mejor periodismo que ustedes puedan concebir, conlleva un grado inevitable de trivialización”. Esta trivialización tiene dos objetivos detrás de sí: a) no cuestionar: lograr que la masa sienta que las cosas se dan de ese modo y que debemos seguir con nuestra vida en el momento y espacio que nos tocó actuar; b) deformar: aceptar los valores de relacionamiento social que nos impone el sistema para poder mantenerse. Los seres humanos somos eminentemente buenos, sin embargo, nos deforman.

2) Exceso de datos. La cantidad de datos que absorbemos día a día, no permite que esos datos se transformen en conocimiento, es decir, no aportan en la autonomía y capacidad de discernimiento que sí nos da la formación. Ya en la década de los 50, Laserfield y Merton, sociólogo y antropólogo respectivamente, hicieron una investigación sobre aquel “nuevo fenómeno comunicacional”, la televisión, y llegaron a la siguiente conclusión: “la televisión es un medio que aporta tanta información en tan poco tiempo que no hay posibilidad para el individuo de asimilarla, ordenarla y procesarla y descartar lo que no le es útil ”. Según Cardozo, los estudiosos propusieron que la televisión provoca un Síndrome de Narcotización Disfuncional.

En la Universidad de Columbia se hizo un estudio para conocer la cantidad de información que puede percibir una persona promedio de una gran ciudad (edad, dinero, posición social, nivel de instrucción). Esta investigación interdisciplinaria dio como resultado lo siguiente: “Si un día Domingo (se tomó un día Domingo porque las ediciones de los diarios ese día son mucho más voluminosas que en el resto de la semana), una persona compra o accede a un diario de formato sábana, y decide esa mañana sentarse y leerlo desde la primera palabra hasta la última, estaría en condiciones en ese sólo acto, improbable, pero estaría en condiciones de absorber en ese sólo acto más información nueva, más noticia en el sentido estricto, que una persona durante toda su vida en el siglo XVI ”. Lastimosamente, este cúmulo de datos, esta multitud de datos que recibimos y absorbemos todos los días no pueden transformarse en conocimiento, pues no aportan en nuestra capacidad de decisión, en nuestra autonomía para elegir lo que es mejor para nuestra vida o para nuestra sociedad. Es un bombardeo que impide, como dijeron Laserfield y Merton, procesar, ordenar y discriminar. La información se convierte en una suerte de acumulación constante, que va a tono con el sistema en que vivimos.

3) Intereses específicos de las cadenas de información. El poder que han adquirido los medios masivos de comunicación rebasa la realidad. Así, lo que no está en un medio no existe. De hecho, en palabras de Cardozo, el espacio público, aquel lugar físico en donde se debatía la vida cotidiana y la problemática social, es ahora un espacio virtual. En la actualidad todo aquello que no sucedió en el espacio virtual no es registrado por la colectividad, aunque efectivamente suceda en el espacio físico palpable, y lo que es peor, se dan situaciones contrarias: en el espacio virtual puede pasar, puede ocurrir y puede quedar registrado en la conciencia colectiva como un hecho innegable, aquello que nunca sucedió.

¿De qué depende que se registre o no la vida misma en el espacio virtual?: de los intereses a los que responde cada cadena de información. Y sobre este tema se ha dicho ya suficiente, pero no se ha hecho nada aún.

El problema de la información, sin embargo, no está solamente en las cadenas nacionales, locales o internacionales. No solo los mass media informan, y no sólo los mass media tienen intereses específicos que no se corresponden con los intereses de la población. Nuestra intervención también puede estar distanciada de los procesos de formación y dedicada a la información, embotando de datos a las personas con quienes trabajamos, sin permitir espacios de reflexión –que son los que generan conocimiento-, y respondiendo a nuestros intereses; podemos incluso, estar transformando los espacios físicos de discusión en un espacio virtual en el que los tamizadores somos nosotras, nosotros.

Acerquémonos a la formación
Partimos del siguiente supuesto: la formación es producto del aprendizaje que nos genera conocimiento y por tanto, posibilita cambio.
El aprendizaje, se convierte entonces, en una herramienta para alcanzar un objetivo más amplio, y éste al ser alcanzado se transformará en herramienta para un objetivo más amplio todavía, y así sucesivamente, como todo lo que sucede en este universo. Si graficamos lo dicho podríamos hablar de una serie de circunferencias, que se entrelazan de manera ascendente (espiral) para pasar de objetivo a herramienta y nuevamente a objetivo. Es por esto que cada cosa que hagamos en los primeros niveles repercutirá, positiva o negativamente, en el objetivo macro planteado.
Desde esta significación, en GAMMA hemos concebido al aprendizaje como uno de los círculos ubicado en los primeros niveles de la espiral, para ser reencontrado en los círculos medios y superiores, con elementos mucho más elaborados. El aprendizaje es el centro del conocimiento y éste el de la transformación social. Tomando este embarcadero como punto de partida, hemos retomado como camino para intervenir en el proceso de aprendizaje la metodología dialéctica. Si bien la categoría social ha perdido vigencia en su significante, su significado es rico y sobre todo, con el paso del tiempo y de su aplicación se ha enriquecido aún más.
Así las cosas, abordamos el aprendizaje partiendo de algunas preguntas generadoras. ¿Qué elemento vamos a golpear en esta espiral para que resuene en el resto de niveles y cómo va a resonar?. ¿Vamos a participar de un proceso de formación o de información?. ¿Hacia dónde estamos caminando con cada evento de aprendizaje?. Aclarado el qué, el por qué y el sitio de llegada, definimos el cómo. Y como ya mencioné, nos servimos de la metodología dialéctica: partimos de la realidad presente, una vez conocida la situación se elabora un proceso de reflexión sobre esa realidad, de este proceso retornamos con nuevos elementos a la realidad que analizamos para enriquecerla o transformarla. El reto está en la capacidad del retorno, teóricamente podemos establecer estrategias de intervención para regresar a la realidad con el objetivo de cambiarla, sin embargo, esto no siempre es posible, muchas veces, aquellas estrategias definidas, aquellas actividades planteadas después de la reflexión, no pueden ejecutarse; si esto sucede, ya podemos aceptar que no hemos efectivizado el aprendizaje. Hemos caído en la trampa de trabajar para aportar nuevas referencias, para impartir datos y elementos acumulables.
Hasta el momento los fracasos más grandes en los procesos de aprendizaje desatados en el contexto del desarrollo social, se encuentran marcados por este factor: la inaplicabilidad de los elementos analizados y teorizados, producto de la imposibilidad de tomar estos aspectos y jugar con ellos para su recreación y enriquecimiento. Esto nos da como desalentador resultado que no hemos contribuido en el crecimiento individual y colectivo (ni nuestro ni del conjunto con el que trabajamos) sino en el acopio de información que no posibilita autonomía –como ya se había mencionado- ni mejora la capacidad de decisión.
Frente a esta realidad, en GAMMA desatamos la dialéctica no sólo en el discurso de un taller o de un evento, por definición nos tomamos el tiempo necesario para la aplicación de cada teorización, propia o ajena; de la misma manera, pensamos que cualquier evento de aprendizaje para serlo debe estar inserto en un proceso más grande, es decir, debe estar ubicado en algún espacio de la espiral de la que habíamos comentado. Así, si hablamos de herramientas de género, desarrollamos desde la metodología planteada los elementos de aplicación y renovación que generen un nuevo conocimiento. Como diría mi hermana Irene, “todo lo que trabajemos teóricamente en torno a nuestra apuesta debe contar con su tren de aterrizaje”. En este mismo sentido, si hablamos de herramientas de género, éstas deben ser un factor que provoque movimiento en la espiral para incidir positivamente en el proceso más profundo; en el cambio que queremos alcanzar.
Para saldar
Después de lo expuesto en torno a estos dos conectores de intervención, nos quedan dos cosas por decir:
La primera: pensamos que la formación promueve transformación, por tanto es nuestra propuesta arriesgarnos en este ámbito. Si hemos tomado el aprendizaje como herramienta de acompañamiento a las organizaciones, si en nuestro plan de intervención se contempla este camino, retémonos a hacerlo desde la perspectiva integral de la formación.
La segunda: sostenemos que la información es un sendero por el que se llega a la reproducción del sistema, por ende, opinamos que no vale la pena derrochar tanta energía y tantos recursos para perpetuar el sistema. Para esto ya se han creado suficientes y efectivas formas, de las que todas las personas hemos sido y somos víctimas y cómplices. Una cosa es conocer lo que pasa (información) y otra entenderlo para buscar y encontrar la manera de cambiar aquello (formación – aprendizaje).
La mayoría de personas que estamos aquí hemos optado por intervenir en la realidad porque no compartimos lo que en ella sucede; este interés, independientemente de la motivación que tengamos, se ha explicitado, por esto reiteramos que nuestra búsqueda no se direcciona a la adaptación de lo que “ya está dado”, no tendría sentido. Incitamos, entonces, a transformar lo establecido, más allá del tiempo que nos tome, más allá de la premura coyuntural.

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