AUN SIN SOLUCION

Nidya Pesántez Calle

AUN SIN SOLUCION

Por: Nidya Pesántez C. (GAMMA)
Fecha: 6 de diciembre, 2005
Luna creciente

A pesar de los esfuerzos de diversas organizaciones que luchan contra el VIH en todos los continentes, cada año más gente se infectará con él y muchos morirán con SIDA por falta de atención y tratamiento.

Si bien es cierto que la mayoría de los estados y de los organismos multilaterales no han logrado plantear una estrategia efectiva para prevenir el crecimiento en el número de personas infectadas, también es cierto que las conductas que caracterizan a nuestras sociedades han sido un freno importante en esta lucha. El estigma social y la discriminación hacia las personas seropostivas limitan cualquier esfuerzo que se realice para controlar el virus. Estos comportamientos sumados al tabú sobre la sexualidad humana, crean la atmósfera ideal para la expansión del virus, pues por un lado impiden la prevención de nuevas infecciones y, por otro, bloquean el acceso a la atención, apoyo y tratamiento requeridos.

El estigma prevalece porque prevalecen los mitos sobre quiénes portan el virus: trabajadoras sexuales y homosexuales. Se olvida un inmenso espectro, desde los usuarios del trabajo sexual hasta cada persona que vive su sexualidad de manera irresponsable y que no necesariamente forma parte de un grupo que pueda ser calificado socialmente por su actividad o por su diferente opción sexual. El estigma social es caldo de cultivo para un virus que aprovecha muy bien la doble moral de la sociedad, por ejemplo, de la nuestra: una sociedad patriarcal que aún aplaude conductas machistas, que sustenta una cultura en el que un hombre para serlo debe demostrar su capacidad sexual en diferentes lechos, siendo éste el sinónimo de “hombría”; hombría que sin duda, y a medida que crece el número de personas infectadas, se torna más peligrosa.

Este estigma nos mantiene en la desprevención colectiva. La falta de cuidado es común y se agudiza entre las personas que tienen una pareja estable y se saben fieles en términos concretos de sus relaciones sexuales, y entre heterosexuales cuyas relaciones íntimas son llevadas de manera desordenada con la seguridad de que el virus no les alcanzará. Nos descuidamos y olvidamos que el virus también puede llegar por jeringas o por transfusiones.

La realidad está lejos del estigma, si vemos las cifras y nos ubicamos en los lugares de mayor crecimiento del VIH (Africa), encontramos que la mayoría de contagios son por transmisión heterosexual y en algunas regiones del mundo, específicamente en Europa Oriental, por el uso de drogas intravenosas. Lo que da cuenta de que el virus no tiene preferencia por un sector social, sino por la especie humana en general; sin embargo, aún cuando sabemos que podemos contraer el virus nos negamos a su presencia y actuamos como si no existiera.

Para frenarlo podríamos empezar por develar los mitos y las falsas percepciones que en nuestra sociedad se crean en torno al VIH/SIDA y luchar abiertamente contra la ignorancia y la discriminación.

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