ALTERNATIVAMENTE GLOBALIZADO

Nidya Pesántez Calle

ALTERNATIVAMENTE GLOBALIZADO

Por: Nidya Pesántez C.

Hablar de comunicación alternativa, en un mundo en el que se considera que la única alternativa de pensamiento, producción, reflexión y vivencia es insertarse de la mejor manera posible en el sistema dominante, parece ser una necedad. Sin embargo, necedad sería, aceptar la realidad tal y como está sin dar batalla (a menos que pensemos que estamos en lo correcto).

En un planeta en donde se ha globalizado la pobreza, la falta de tolerancia, el individualismo, y el desamor, todas las herramientas de relacionamiento humano se han puesto a disposición del fortalecimiento de lo establecido. Una de estas herramientas es la comunicación social; de hecho, dentro de la carrera de dominio de mercados, la comunicación es herramienta y objetivo en sí mismo pues no sólo se trata de aportar al sistema utilizando la comunicación; también es necesario: controlar los sistemas de comunicación, crear sistemas alternos dependientes y dominar el espacio comunicacional. Como es evidente, estos objetivos se han cumplido y se han consolidado, especialmente, con la fusión de las grandes empresas de comunicación. Cuando planteamos así las cosas, parece más necio todavía querer hablar de lo alternativo; sin embargo, el reto es hacer posible lo imposible, y para esto podemos empezar por retomar el positivo significado de la comunicación y sus elementos.

Como en muchas otras áreas, la conceptualización de ciertas categorías se va limitando y especializando al punto en que somos capaces de reflexionar sobre ellas, sólo dentro de los límites marcados por el conocimiento generado desde el poder; por ejemplo, podemos evidenciar que: “en la sociedad contemporánea el debate en torno a la comunicación social ha limitado esta categoría del conocimiento a un elemento: el canal masivo, es decir, los medios masivos de comunicación social. No sin razón las sociedades actuales están siendo englobadas bajo la definición de “sociedad masstediática” . Sin embargo, la comunicación no es el canal únicamente, es la confluencia de, básicamente, cuatro elementos: la persona que hace de emisor, la persona que hace de receptor, el mensaje y el canal. Y, por supuesto, si hablamos de comunicación en su sentido más amplio, el emisor deja de serlo para ser receptor, en un juego de respuesta inmediata comparable con el ping-pong, o en un lapso correspondiente al tiempo que requiera el canal para trasladar el mensaje en doble vía.

En este sentido, retomando la noción en que la comunicación trasciende los canales, cuando hablamos de comunicación alternativa debemos plantearnos la alternatividad en torno al sentido global, ciertamente, pero también con respecto a cada una de sus partes constitutivas, esto es: alternativa a qué, alternativa para qué, alternativa qué, alternativa desde dónde y cómo puede ser alternativa.

Lo alternativo en la comunicación

Empecemos trabajando sobre la globalidad de la comunicación, pues desde este punto de partida nos enrumbaremos también hacia sus partes.

Cuando hablamos de lo alternativo graficamos en la mente, lo opuesto, lo diferente, la otra vía; sin embargo, suele resultar en la práctica, que tomamos un camino paralelo, en nombre de lo alternativo, pero con la misma dirección. Este fenómeno, generalmente, es el resultado de una actuación apresurada que no ha establecido el objetivo de su creación; así, lo alternativo se reduce a no hacer ciertas cosas que hacen los grandes medios adueñados de la comunicación social; pero esto no resuelve su existencia ni su poder, tampoco consigue la incorporación social necesaria para hacer contrapeso a lo establecido.

En términos generales, si el poder ha fijado su atención –respecto a la comunicación- en los medios, la sociedad en su búsqueda alternativa lo ha hecho en el mensaje. Entonces, los diversos sectores sociales organizados, en su búsqueda del cambio, le apuestan a la comunicación alternativa generando un mensaje diferente (de esperanza o de denuncia pocas veces de propuesta); pero, qué pasa con los canales de comunicación, qué con la relación emisor – receptor, qué con los objetivos de una intervención comunicacional. Quedan en el proceso grandes vacíos que arrojan resultados pobres.

Desde este planteamiento, proponemos que la comunicación puede o no ser alternativa dependiendo de los objetivos que se han planteado para su utilización, mismos que deberán formar parte de una estrategia de intervención que a su vez, deberá ser el resultado de un plan global para conquistar equis información. Si nuestro actuar alternativo, se limita a serlo solo en los medios, o en la relación emisor-receptor, o en el mensaje, estaremos desperdiciando una valiosa oportunidad, pues estos elementos constitutivos pueden también responder a los intereses de quienes están en el poder. Lo alternativo por sí mismo no es sinónimo de oposición a lo establecido, no es sinónimo de transformación.

Puede sonar evidente, sin embargo, lo evidente no significa superado o sencillo. De hecho, muy pocas prácticas comunicacionales nacidas desde los sectores sociales que buscan revertir el actual estado de cosas, suelen estar insertas en un plan mayor del que son una herramienta.

Comunicación alternativa en el mundo globalizado va más allá de utilizar alternativamente (mensajes diferentes) la tecnología del primer mundo, va más allá de la inserción en su mundo para desde él destruirlo. La comunicación alternativa (en el sentido de oposición y transformación) se gesta en la genialidad producto de la necesidad de poner un punto final a un sistema que arremete contra la humanidad y el planeta. Si nuestro trabajo constantemente se acomoda a lo que nos ofrece este sistema, evidentemente nuestra genialidad para resistir y cambiar seguirá dormida y nuestros sistemas de comunicación seguirán siendo dependientes.

Con lo anotado podemos establecer, que el punto de partida de esta reflexión retoma a la comunicación alternativa como una herramienta de un plan de transformación social que debe ser considerado en su total complejidad, esto es, sin limitarla a los canales y a la tecnología como se pretende en el debate actual.

Ubicar la brújula

Muchas de las prácticas alternativas en el campo de la comunicación se encuentran limitadas en sus resultados frente a la influencia de los medios masivos. Quienes trabajamos en esta área, debemos reconocer que la fortaleza de los mass media intimida las propuestas alternativas, la causa suele encontrarse en el aval social que estos tienen y en la falta de identificación del verdadero enemigo.

Veamos esto del aval social y aquello del verdadero enemigo.

La estrategia comunicacional de los grandes medios se basa en la correspondencia con las prácticas sociales vigentes; de esta manera, las personas que receptan la información, la opinión y las “verdades” emitidas a través de los medios masivos, se sienten menos vulnerables porque no alteran la aparente estabilidad. De hecho, aunque parezca contradictorio, mientras más crítica es la situación, más se evidencia esta relación cómplice entre los medios masivos y la población: el temor al caos, a derribar lo construido, es más fuerte que la ilusión de un futuro mejor, es más fuerte que la esperanza en el ser humano y su capacidad de amar. En cambio, la estrategia alternativa suele plantear aspectos que van en contra de las prácticas sociales, pues efectivamente, muchas de ellas responden a la perpetuación del sistema actual; esto asusta porque atenta contra la engañosa tranquilidad social.

En cuanto al verdadero enemigo, debemos decir que muchas veces nos perdemos en la lucha contra los mass media, y los definimos como los grandes culpables de la situación; perdemos energía sin asumir que detrás de los medios está el poder económico y la estrategia de perpetuación de lo establecido. Si bien, los mass media por sí mismos no son negativos sino en cuanto el uso que se les dé, si son un peligro constante por esta condición.

En estos dos aspectos se basa la imposibilidad de generar comunicación alternativa desde el mensaje o desde el medio exclusivamente. Por una parte, como ya habíamos expuesto someramente, es prudente partir con la ubicación de una brújula para saber cómo y hacia dónde usamos la herramienta comunicacional. Ubicar esta brújula requiere de una planificación que no se limite al sueño de contar con un medio masivo (radio, periódico, televisión) como elemento indispensable para hablar de comunicación alternativa eficiente, a través del cual emitiremos mensajes diferentes (alternativos). Contar con un medio efectivamente ayudará mucho, pero si no es parte de un plan bien concebido, estará expuesto a dejar de cumplir con su objetivo una vez que las personas que están detrás de su funcionamiento desaparezcan.

Así, contar con el medio y el mensaje correcto no es suficiente, debemos saber quiénes son y en qué condiciones están las personas que conforman el sector con el que queremos establecer contacto. Porque comunicar no es emitir, es conectarse, es relacionarse, es tener la capacidad de sentir al otro ser, parafraseando a Leonardo Boff: “sentir que el otro es la extensión de nuestro propio pellejo”

Trabajar lo alternativo

Con base en lo dicho nos atrevemos a proponer algunos elementos que pueden aportar a un combate alternativo desde la comunicación.

Empecemos por establecer un plan estratégico de intervención global: no tiene sentido que la comunicación se convierta en su propia herramienta, debe responder, como ya lo hemos dicho a un plan más amplio. Este plan deberá establecer cuáles son los cambios o transformaciones que se buscan y cuál el papel que cumplirá la comunicación en ese espacio.

Una vez definido el rol de la comunicación, se plantea la estrategia comunicacional que se empleará, en ella se deberán definir los objetivos, y el papel que jugará cada uno de los elementos que conforman un proceso comunicacional.

Es cuando trazamos una estrategia de comunicación cuando perdemos de vista la riqueza de esta herramienta y el verdadero alcance que tiene; es en este momento en que limitamos nuestra imaginación al canal comunicacional: los medios masivos. Cuando iniciamos el planteamiento limitamos la lucha a una competencia (prácticamente perdida) con los mass media y con la información que ellos dan de la situación actual. Es cierto que contar con un medio masivo suaviza el camino, pero no gira la dirección en la que marcha la sociedad.

Desde lo expuesto, el punto de partida de nuestra estrategia es el conocimiento que tenemos de las personas con las que vamos a conectarnos: ¿conocemos sus intereses?, ¿sentimos sus preocupaciones?, ¿sabemos y entendemos sus posiciones?, ¿conocemos el promedio de educación que hay en el sector?, ¿son familias con emigrantes?, en fin; toda aquella información que hace que podamos entender mejor el grupo con el que nos vamos a comunicar. Es necesario conocer el interés subjetivo del sector al que nos vamos a dirigir, este puede ser una ciudad, un barrio, una comunidad, un país. El número no limita la capacidad de conectarnos (los recursos limitan el espectro de la intervención), pero la masificación sí, la no-consideración de la diversidad sí, el pensar que nuestro camino de intervención es el verdadero sí, definitivamente estos aspectos limitan la capacidad de conectarnos con el sector meta.

En el caso de la salud, por ejemplo, todo contacto con la población (sea éste un programa de sensibilización periódico o una campaña a corto plazo) debería partir del conocimiento de los intereses subjetivos de las personas, por poner un caso, no a todas las personas nos preocupa prioritariamente la prevención. Suena difícil de creer, pero en realidad la práctica común es la no prevención a pesar del conocimiento que podamos tener sobre ella. ¿Qué pasa allí?, ¿cuál es el interés subjetivo de las personas que conforman una sociedad?. La falta de conocimiento, la falta de acercamiento real a las personas, nos pone una barrera que hace que los esfuerzos no den los resultados esperados.

El conocer los intereses subjetivos de las personas nos posibilita establecer quiénes son los receptores-emisores.

Un segundo elemento que debemos tomar en cuenta, parte directamente del conocimiento de los intereses de los que hablamos, éste es el planteamiento del mensaje y el canal, o canales, de comunicación que vamos a utilizar. Cuando hablamos del planteamiento del mensaje, nos referimos a la estructuración que debemos darle, pues el contenido de éste está definido desde el planteamiento mismo de los objetivos de la estrategia comunicacional.

Un tercer elemento es la definición de fases. Si la estrategia comunicacional es parte de un plan mayor, seguramente el avance de los objetivos de este plan (el mayor), deberá marcar el avance en la estrategia de comunicación, cada fase deberá ser quemada y retroalimentada de forma eficiente; es decir, pensar que una actividad no se pudo hacer y que no influirá, es irresponsable, de hecho hará fracasar un elemento y al hablar de un sistema, éste hará fracasar el resultado.

Un cuarto aspecto es el reconocimiento de recursos, no podemos lanzarnos de un avión sin paracaídas, con la esperanza de que abajo nos espero un lago o un mar; es mucho el riesgo. Lo propio sucede cuando hacemos comunicación alternativa sin recursos, a la larga sólo conseguimos perder credibilidad, básicamente porque sin recursos suele darse una falta de cumplimiento a lo planificado y una ausencia de periodicidad en nuestra llegada. En ambos casos podemos desaparecer.

Un último aspecto podría ser el planteamiento de responsabilidades, esto de Fuente Ovejuna no resulta, por tanto el reconocimiento de destrezas y el apoyo de un equipo basado en ese reconocimiento son parte importante a la hora de intervenir en la realidad.

Como vemos, tanto quienes quieren hacer comunicación alternativa como quienes no quieren hacerla, pueden echar mano de estos elementos para tener una mejor llegada al sector de interés. Con estos elementos podemos conectarnos para vender un medicamento o para establecer prevención. Por ello, un buen planteamiento de objetivos con una estrategia coherente nos dará resultados excelentes. No podemos descuidar ningún elemento, porque podemos terminar aportando al sistema, a pesar de que nuestra intención sea derribarlo, por ejemplo, si usamos alternativamente la red electrónica, como un juguete más que nos ayuda en un activismo sin objetivos de transformación, estaremos aportando al sistema; de la misma manera, si somos incapaces de estructurar nuestro discurso en torno a los intereses subjetivos de las personas porque nos creemos dueños de la verdad, también estamos aportando al sistema (disgregamos).

El mundo de la comunicación es uno de los más susceptibles en la compra y en la venta de conciencias, los espejismos tecnológicos cooptan fácilmente nuestra reflexión; por ello, lo alternativo no está sólo en el uso de mecanismos diferentes o en el uso bien intencionado de una tecnología ajena; está en la recuperación del sentido político de la alternatividad, esto es: saber a ciencia cierta si nuestro “camino diferente” es paralelo al establecido por el sistema o, realmente hemos girado el timón y tomamos una ruta hacia la transformación.

DERECHOS HUMANOS, VIOLENCIA DE GENEROY COMUNICACIÓN

Nidya Pesántez Calle

DERECHOS HUMANOS, VIOLENCIA DE GENERO
Y COMUNICACIÓN

Por: Nidya Pesántez Calle – GAMMA

“La igualdad ante la ley. Todas las personas serán consideradas iguales y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin discriminación en razón de nacimiento, edad, sexo, etnia, color, origen social, idioma; religión, filiación política, posición económica, orientación sexual; estado de salud, discapacidad o diferencia de cualquier índole”.

Así versa el tercer punto del capítulo dos (de los derechos civiles) bajo el Título III de nuestra flamante Constitución.

Ante la ley todas las personas somos consideradas iguales, ¿iguales a quién? Iguales a usted, iguales a mi… No, definitivamente eso no quiere decir la ley, como tampoco es eso lo que buscamos las mujeres, las mujeres no queremos ser iguales a los hombres. Lo que sí dice claramente la ley y lo que sí queremos las mujeres es que sin importar nuestras diferencias todas las personas tengamos los mismos deberes, los mismos derechos y las mismas oportunidades.

Lastimosamente tanto la declaración constitucional como la búsqueda de las mujeres parecen formar parte de un plan social que no encaja con nuestra realidad ni con nuestro futuro. El problema no es sólo cuestión del no cumplimiento de las leyes, el real problema es nuestra propia actitud ante quien no es igual a nosotras o nosotros; no aceptamos la diferencia, no soportamos la diferencia y lo que es por despreciamos la diferencia; de esta manera conformamos una sociedad intolerante, en donde los derechos humanos son mero discurso y la Constitución otro sueño plasmado en un papel de fantasía (como parece haber sido costumbre por aquí).

En nuestra sociedad la diferencia tiene valoración, así, la raza blanca es más valorada que la mestiza, la mestiza es más valorada que la india; las personas que viven en la ciudad son más valoradas que las que viven en el campo; quienes tienen dinero tienen más valor que quienes no lo tienen; y dentro de todos estos grupos el hombre es más valorado que la mujer. De esta manera, la mujer es doble o tríplemente discriminada: por ser mujer y por su situación económica y posición social.
Haciendo esta lectura es lógico deducir que en nuestro país una persona de raza blanca, hombre, que vive en la ciudad y que tiene dinero tiene valoración social y por tanto todas las oportunidades, y que una mujer indígena campesina sin dinero no es valorada socialmente y por tanto no las tendrá. Pregunto ¿en dónde queda la ley si las personas que debemos trabajar desde todos nuestros espacios para que se cumpla esta ley tenemos estas taras de desprecio y de intolerancia?

Nos hemos auto nombrado superiores a alguien e inferiores a otro, es por esto que cuando tenemos la oportunidad de demostrar nuestro poder queremos que las personas lo sientan, queremos sepan quien manda. Esto pasa en las altas esferas públicas, en las empresas privadas, en la calle, en la plaza en el mercado y por su-puesto en nuestra casa.

Todo eso no es sino consecuencia de una sociedad que se ha construido sobre valores equivocados, no se trata de la maldad o bondad que tengamos las per-sonas en nuestro corazón, sino de cuánto hayamos asimilado e interiorizado el patrón social de comportamiento frente a la diferencia.

Hombres y mujeres un paradójico encuentro

En este tortuoso camino de interrelaciones sociales estamos insertos hombres y mujeres cumpliendo el mandato social así nos hiera. A hombres y mujeres la sociedad nos dio un papel definido que debemos cumplir, también nos dotó de cualidades diferenciadas a las que debemos responder, y nos estableció lugares específicos en los que nos debemos desarrollar. El problema inicia en esta se-paración tajante entre hombres y mujeres pero se agrava con la valoración social que se le da.

Así, los roles, atributos y espacios de los hombres son más valorados que los roles, atributos y espacios de las mujeres. Veamos algunos ejemplos: el papel del hombre es mantener económicamente el hogar y el de la mujer es mantenerlo limpio. ¿Qué es más valorado socialmente, conseguir dinero o mantener limpio el espacio en el que vivimos?… Bueno, indiscutiblemente conseguir dinero, o ¿alguien desea que su hija se quede en la casa lavando, planchando y fregando?

Veamos otro ejemplo, en el caso de los atributos que nos dio la sociedad, los hombres deben ser duros, rudos objetivos y las mujeres sensibles, delicadas y subjetivas. ¿Qué es más valorado en nuestra sociedad, ser duro o ser sensible; ser rudo o ser delicada, ser subjetiva o ser objetivo?…

Y, ¿qué es más valorado desempeñarse en la calle, en las empresas, en las jefaturas, o entre las cuatro paredes de una casa?

El paradigma de nuestra sociedad es masculino por tanto las mujeres somos consideradas complemento, en el mejor de los casos, e inferiores; las consecuencias de este inocente discurso de superioridad son más graves de lo que todas y todos nos imaginamos, y una de las más terribles es la violencia.

Que el hombre sea el paradigma de lo humano no es producto de una mera casualidad ni de la naturaleza, es producto de toda una construcción social que a lo largo de la historia ha ido poniendo uno a uno los ladrillos para levantar la muralla que encierra a las mujeres dentro de un limitado, y por qué no decirlo, cruel entorno.

La mayoría de personas piensa que esta situación es natural y que esto de la construcción social y cultural es mero discurso. Sin embargo es muy fácil demostrar que esta mayoría se ha equivocado. Retomemos los ejemplos anteriores y veamos cuánto de natural tiene la situación de hombres y mujeres: ¿una mujer puede mantener económicamente un hogar?… ¿un hombre puede mantener limpia la casa?… ¿una mujer puede ser objetiva, dura y ruda?… ¿un hombre puede ser subjetivo, delicado y sensible?… ¿una mujer puede desempeñarse en la calle, en las empresas o en las jefaturas?… ¿un hombre puede desempeñarse entre las cuatro paredes de una casa?… ¿Podemos o no podemos las mujeres y los hombres cambiar los papeles que nos han dado, asumir cualidades que nos han negado o movernos en los espacios que nos han prohibido?. Claro que podemos, ¿o tenemos algún problema físico/biológico que nos lo impida?.

En este sistema patriarcal las mujeres hemos perdido mucho en el desarrollo de nuestras capacidades y destrezas para enfrentarnos al mundo que está fuera de nuestra casa: el analfabetismo es mayor entre las mujeres, la participación política es menor entre las mujeres; el acceso a las jefaturas y gerencias es menor entre las mujeres; la profesionalización en carreras técnicas es menor entre las mujeres; y la violencia en contra de las mujeres es definitivamente mayor.

Sin embargo en una encuesta realizada para conocer la percepción de la población sobre esta situación encontramos que un 63% piensa que esto se da porque las mismas mujeres no quieren cambiar. Este criterio fue sustentado con el hecho de que ya existen mujeres que rompen el tradicional papel. Frente a esto me gustaría decir dos cosas, la primera que el hecho de hablar de mujeres que rompen con la tradición es porque existe aún un esquema que romper, que cambiar, una sociedad que reconformar. Y lo segundo, recordemos algo que decía hace un momento: la situación de la mujer “es producto de toda una construcción social que a lo largo de la historia ha ido poniendo uno a uno los ladrillos para levantar la muralla…” la muralla de la inseguridad, la muralla de la falta de autoestima, la muralla del servicio sin esperar nada a cambio, la muralla del sacrifico, la muralla de la violencia. No seamos simplistas, el análisis no es tan sencillo como decir las mujeres no quieren.

Anotemos otro aspecto que no debemos perder de vista en este análisis, ahora que las mujeres estamos rompiendo las reglas y ocupamos cargos altos (en muy contados casos), que trabajamos fuera de la casa o que estudiamos en la universidad estamos “fritas”. Porque esta conquista personal de las mujeres no ha ido acompañada de conquistas de los varones, es decir, las mujeres accedemos y luchamos en el espacio público (tradicionalmente masculino), pero los hombres todavía no se sienten capaces de hacerlo en el espacio privado (tradicionalmente femenino). Así, las mujeres trabajamos tres veces más que ustedes y ganamos mucho menos. Y hasta donde yo se esto no es justicia, equidad o igualdad de oportunidades.

A las mujeres y a los hombres nos han educado de manera tan diferente que a la hora de juntarnos no podemos encontrarnos. Vemos las cosas desde diferente punto de vista, actuamos con otras claves de comportamiento y para llegar a un acuerdo apelamos a la costumbre social y en ésta las mujeres tenemos las de perder.

En este proceso las mujeres no sólo hemos perdido la posibilidad de desarrollar nuestras destrezas sino hemos perdido la posibilidad de hablar, de quejarnos, de denunciar, de gritar. En las paredes de la casa se llora la desgracia, se llora el maltrato, se llora la violencia y se acepta la actitud prepotente de quien tiene el poder en nuestras relaciones de género: el hombre (Pero en entre estas mismas paredes vamos tejiendo la esperanza haciendo que las cosas cambien).

En nuestra sociedad, la diferencia entre hombres y mujeres, lejos de ser una riqueza que aporte al desarrollo humano integral de nuestro pueblo, es el pretexto para el maltrato, el abuso y la violación de nuestros derechos. El hombre tiene el poder por tanto tiene el derecho, así como el rico tiene el poder y tiene el derecho, y cuando desprecian, violan, violentan… no son juzgados ni sentenciados. El hombre tiene el derecho, porque tiene el poder, de agredir no sólo a su pareja sino a cualquier mujer, o ustedes piensan que es casualidad que hayan mujeres violadas, insultadas, lastimadas, heridas y muertas por hombres que nunca conocieron.

Pensar que los hombres son superiores no es un juego que da pie a una tonta guerra de sexos, es la causa de la violación al más elemental derecho de las humanas y humanos: la vida, la vida digna, la vida libre de violencia, los derechos humanos dicen que “todas las personas tenemos derecho a una vida digna y libre de violencia”. Romántica declaración.

Nuestra Constitución recoge esta declaratoria en el Título III, De los Derechos, Garantías y Deberes, en donde en el capítulo 2 (de los derechos civiles) dentro del artículo 23 encontramos lo siguiente:

“La integridad personal. Se prohíben las penas crueles, las torturas; todo procedimiento in-humano, degradante o que implique violencia física, psicológica, sexual o coexión moral, y la aplicación y utilización indebida de material genético humano”

Claramente la Constitución señala que se prohíbe la violencia física, psicológica y sexual, entre otras tipificaciones. Sin embargo, el haber dado a la cotidianidad el carácter de natural y normal ha hecho que perdamos de vista que el maltrato a las mujeres es un problema social, es un delito, es un acto inconstitucional.

“Yo jamás le pego a mi mujer” decía un señor en una entrevista, “y eso que a veces es bien tonta”. ¿Cómo calificarían ustedes a esta expresión?. Como un mérito porque no le pega, como mayor mérito porque no le pega aunque “se merece” por ser tonta, o como maltrato.

“Vaya que loca que es usted, nunca sabe de lo que habla…”, decía un hombre a su esposa. ¿Cuánto creen que esto afecta a una persona que continuamente escucha que no sabe de lo que habla o que es loca?. El maltrato no es pegar a una mujer hasta enviarla a un centro de salud, es cualquier agresión física, verbal o sexual así el resultado no sea la clínica o el hospital.

“Mamacita que rica ven para enseñarte…” Es una típica expresión (generalmente dicha en la calle a una mujer desconocida) producto del ejercicio de poder de los hombres en contra de las mujeres. Esto es violencia de género, no es un hecho aislado de un “guambra majadero”. Y aunque sea doloroso admitirlo la gran mayoría de los hombres piensan que este tipo de expresiones nos gustan a las mujeres. ¡Cuán equivocada anda nuestra sociedad!, ¡Cuánto han dañado la espiritualidad masculina! ¡Cuánto ha resquebrajado nuestras relaciones!

Y así, las mujeres tenemos que escuchar cualquier majadería en cualquier espacio, tenemos que callarnos cuando un jefe a más de nuestras tareas nos pide que limpiemos y barramos porque somos mujeres, o aceptar invitaciones fuera de horario de oficina porque el trabajo está en juego; y hasta los golpes de nuestro compañero que después nos dice que nos ama.

Estamos a las puertas del siglo XXI y aunque las mujeres hemos dado pasos gigantescos tenemos una larga lucha para erradicar la discriminación y la violencia. Lucha que no podemos hacerla solas o aisladas.

La violencia en contra de las mujeres y los mass media

Para entender cómo es que esta situación se ha mantenido por tantos años y los logros sociales y los de las mujeres en comparación con la historia humana sean tan pequeños, debemos escarbar en la construcción de nuestro sistema. Esta sociedad patriarcal de corte capitalista está asentada en pilares sólidamente construidos a lo largo de nuestra historia: la familia, la educación y la iglesia. Esta trilogía institucional es la encargada de moldear y diseñar a las personas dentro de la sociedad a fin de que cada una cumpla con un papel que sustente y alimente el sistema establecido.

“Esta injusticia social a más de la familia, la educación y la iglesia, busca una nueva fuerza que cruce a los anteriores y pueda convivir con las tres y con las personas de forma individual. Por ejemplo si alguien no tiene religión, ni escuela, ni familia, tendrá mensajes a su alcance a través de una radio, una televisión, un periódico o una revista, un medio que entrará en su vida así no sea llamado.

Hasta hace algunos años se vio en los medios de comunicación el fenómeno adiestrador por excelencia, se sostenía que a través de un medio de comunicación se daba una orden y el pueblo en una reacción robotizada respondía positivamente sin cuestionar el mensaje.

Ahora sabemos que no es así, sabemos que las personas tenemos la capacidad de discernir y de discriminar, y esta capacidad viene dada por todo nuestro pasado, como diría Milán Kundera viene dada por “el pozo”, por lo que vivimos y por lo que nos dieron viviendo quienes nos precedieron. A esto se suma nuestro entorno social, y la efectividad de la trilogía institucional en nuestra formación (o deformación como ustedes quieran llamarla).

Los medios masivos de comunicación no son omnipotentes, no tienen la capacidad absoluta de construir o destruir modelos de comportamiento, son el eje en el que nuestro sistema apoya su trilogía institucional fundamental (iglesia, familia y educación) a fin de mantenerla viva, avalándola como conductora y rectora de la buena marcha de una sociedad.

Así las cosas, los medios masivos no tienen que violentar el comportamiento actual en la sociedad, sino retomar los valores que se han insertado en ella y con ellos mantener, a través de sus mensajes, el actual estado de cosas.

Es por esto que una radio, por ejemplo, que transmite mensajes, propagandas, noticias y canciones, en donde la mujer es un ser de segunda no tiene complicaciones ni provoca reacciones, porque el medio no violenta lo que se nos enseña por años, la sociedad escucha con tranquilidad y paciencia lo que se le dice porque no va en contra de lo que siempre ha sabido, ha vivido, ha aceptado.

Este hecho es un punto en contra de los medios y programas de comunicación alternativos, que trabajan por mostrar la posibilidad de vivir un mundo en donde la tolerancia y el respeto a la diferencia sea la base del crecimiento social. Muchas veces los mensajes y transmisiones se pueden volver en contra del medio o programa porque se violentan los valores en los que está asentada la sociedad, valores trastocados que como habíamos dicho antes se sustentan en la inequidad, en la discriminación y en la violencia. Pero estos valores son parte de un conglomerado humano, y es por esto que no podemos entrar negando su existencia.

En este sentido, cambiar la actuación de las personas, cambiar la actitud en la relación entre mujeres y hombres no es tan sencillo como dar recetas de compor-tamiento a través de un medio de comunicación” . Sin embargo, el denunciar los hechos de violencia en contra de las mujeres sin que estos vendan sensacionalismo sino que sustenten las causas de esta violencia; el no usar la imagen de la mujer como cosa pública a la venta; el no dar paso a publicidades discriminatorias (por ejemplo INECEL: una mujer lavando la ropa de un Miguelito que le invita a una fiesta); el propiciar debates informativos e instructivos frente a esta problemática dándole la importancia social que tiene; son entre otras, las formas en las que los medios masivos de comunicación pueden aportar al cambio.

Es claro que las personas dueñas del medio de comunicación son en última instancia quienes deciden, y si la noticia, el evento o el hecho en el que se involucra la problemática de las mujeres no vende, nos sentimos con las manos cortadas porque no tendrá espacio en dicho medio.

¿Por qué la mujer desnuda vende cualquier cosa y la mujer como ser social no sirve para los medios masivos?. Porque formamos parte de este sistema atentatorio contra las libertades y derechos del más del 50% de la población, porque no interiorizamos que este problema no es doméstico sino social, porque alimentamos y nos alimentamos del sistema. Todo esto va en contra de los principios de quienes hacemos comunicación social: enseñar, informar, guiar, educar… Hemos permitido que el poder y el dinero se adueñen de nuestra profesión y respondemos obedientemente a sus exigencias sin molestarnos en estudiar la causalidad de la crisis de valores en la que estamos.

Y como si no fuera suficiente, a través de nuestros medios se transmiten novelas como La Intrusa o Leonela que son un real insulto a las mujeres (a quien se le ocurre que una mujer violada va a enamorarse de el violador, es un despropósito por decir lo menos) noticias, en donde la agresión en contra de las mujeres es abordada desde la crónica roja sin ningún tipo de análisis social sobre la causalidad de esta violencia; publicidades en donde las mujeres aparecemos como seres sin cerebro y con excelente cuerpo, en donde se recalca nuestra “naturaleza servil”, en donde formamos parte del objeto publicitado por “bueno, bonito y barato”; ejemplos de esto tenemos todos los días y a todas horas, en la radio, en la prensa y en la televisión: “Galletas Ricas”, “El Palito” de la Universal, “Las Negras de Oscar”, “Marriot”; publicidades de cigarrillos con lemas como “el placer de fumar” al lado de un cuerpo prácticamente sin rostro porque si nos fijamos, ya ni el rostro de la modelo es decididamente enfocado. En fin, sólo debemos sentarnos a escuchar la radio, ver la televisión, leer el periódico o revistas. En definitiva, en la actualidad la mayoría de los medios de comunicación no sólo que no aportan para cambiar las actuales relaciones entre hombres y mujeres sino que profundizan la brecha que ya existe y la violencia en contra de las mujeres. Si no nos sentimos capaces de trabajar por la solución al menos busquemos la manera de no profundizar el problema

La comunicación social debería aportar en la construcción de una sociedad positiva… Sin embargo, tengo la sospecha de que si no tenemos la conciencia y la certeza de que la violencia de género es un problema social que disminuye la posibilidad de desarrollo de nuestros pueblos, no seremos un aporte en este proceso de transformación que nos beneficiará a todas y a todos.

MUJERES REALES, REALIDADES VIRTUALES

Nidya Pesántez Calle

MUJERES REALES, REALIDADES VIRTUALES

Por: Nidya Pesántez Calle – GAMMA

En la sociedad contemporánea el debate en torno a la comunicación social ha limitado esta categoría del conocimiento a un elemento: el canal masivo, es decir los medios masivos de comunicación social. No sin razón las sociedades actuales están siendo englobadas bajo la definición de “sociedad massmediática”. Por supuesto, habrá quien no esté de acuerdo con el término, pero veamos algunos elementos que, pienso, hacen de nuestra época un lugar mediatizado.

Alguien dijo alguna vez “lo que no está en los medios de comunicación no existe”. ¿Afirmación extremista?, encuentro que no; ¿afirmación incómoda?, definiti-vamente sí. Sin embargo, y a pesar de esta afirmación, existe gente, existe propuesta, existe interacción extra medios, pero ¿qué pasa con esa realidad?. En la actualidad no es visible, los hechos visibles son aquellos que hacen noticia o que se hacen noticia, aquellos que se publican y difunden, aquellos que son recogidos por los medios masivos. Así, cuando hablamos de la existencia o no de un hecho, de una propuesta, de una o de cien mil personas, no nos referimos a su posibilidad física de transitar este planeta, sino a su capacidad de registrarse en la conciencia colectiva, y he aquí el problema: la conciencia colectiva registra casi exclusiva y excluyentemente lo que los medios colectivos le cuentan.

Cuesta pensar el giro que hemos dado las sociedades en general y las ciudades en particular, en cuanto al lugar que habitamos. Antes era la casa, la escuela, el cine, la plaza, el barrio, la cotidianidad física. Hoy vivimos en nuestra pantalla de televisión, en nuestra radio, en nuestra computadora, en los diarios, en las revistas; como diría Martín Barbero: “vivimos un mundo en el que se está siempre y no se está nunca en casa”. Efectivamente, estamos siempre en el mundo virtual y nos alejamos casi frenéticamente de la realidad. Estamos siempre empapadas y empapados de información emitida por los medios masivos y nos enteramos poco de lo que pasa en nuestro entorno más cercano. No sabemos en dónde se discuten nuevas propuestas, no sabemos qué piensa y qué hace el otro grupo social: si somos ecologistas no buscamos a las feministas, si somos sindicalistas no buscamos a ecologistas y así continúa la cadena de eslabones separados, perdidos, desorientados. No sabemos qué hacemos qué proponemos en dónde nos encontramos. Respondemos al nuevo espacio que habitamos: el fragmentado y fragmentador espacio virtual.

Raúl Cardozo dijo alguna vez: “El Espacio Público era un lugar físico como éste donde los habitantes de una ciudad, donde los ciudadanos en época de Aristóteles, aquellos que eran libres, no eran esclavos y además tenían propiedad, se reunían físicamente, concurrían físicamente a ese espacio, debatían y resolvían o no, los problemas derivados de la vida en común. Este Espacio Público que era el Espacio Físico de la política se transformó en un Espacio Virtual. Es decir, para darles un ejemplo con reducción al absurdo, nosotros podríamos estar aquí hoy y juntar, no las setenta u ochenta personas que somos, sino juntar aquí en el espacio contiguo de la Plaza de Mayo un millón cien mil personas, un millón quinientas mil, dos millones fundar un nuevo partido político o agrupación gremial u organización civil sin fines de lucro y si mañana no hay un eco de esto en diarios, revistas o televisión, el hecho sería no registrado por la conciencia colectiva”.

La lógica del espacio virtual

La existencia de un espacio en donde confluye el movimiento del planeta no es negativa en sí misma. Que este espacio sea virtual, es decir, que esté entre lo real y lo imaginario ese sí es un problema; ahora, dicho problema se agudiza cuando constatamos que la conformación de la realidad virtual tiene diseñadores con intereses específicos y palpables –no virtuales-, que atentan contra la comunicación social como herramienta de interacción humana, en beneficio de la acumulación.

Antes de continuar explicitemos, brevemente, el punto del que partimos cuando hablamos de la esencia de la comunicación: primero, la comunicación social no es privativa de los medios masivos; segundo, es una herramienta para establecer contacto; y tercero, es un instrumento para exponer, escuchar, pensar, reflexionar, retroalimentar a fin de volver a nuestra práctica cotidiana con nuevos elementos (la comunicación es dialéctica). Resumiendo, es un mecanismo de perfeccionamiento. Sin embargo, la riqueza de la comunicación se ha reducido al canal, al medio, esto es, a uno de los elementos que conforman el proceso comunicativo. De esta manera, los medios son determinantes, son más importantes que la realidad (pues en ellos se puede diseñar cualquier realidad), y por supuesto, son más importantes que los receptores/as (Rs) y que los emisores/as. Los medios de comunicación –de la misma manera que en el proceso productivo- marcan el ritmo del proceso comunicacional. Quien tiene los medios, tiene el poder… quien tiene el poder tiene los medios: una relación simbiótica en este sistema.
Sin embargo este poder no es absoluto, puesto que los seres humanos no respondemos como robots programados a todo aquello que en los medios se presenta. Los seres humanos tenemos un bagaje, una cultura, “un pozo” al que recurrimos para seleccionar y discriminar lo que queremos y no queremos saber, lo que queremos y no queremos aprender, lo que queremos y no queremos ver, lo que queremos y no queremos leer. Tenemos un pozo que nos ayuda a constituir nuestra individualidad; quiero decir, tenemos una memoria que nos orienta más allá de que la orientación sea positiva o negativa, que muy personalmente, juzgo es inútil calificar, para discriminar y seleccionar, en este caso, la actividad de la realidad virtual. Empero, esta memoria individual y colectiva se va perdiendo, y esa pérdida puede volvernos, tarde o temprano, programables. Se va debilitando lo real ante la constante y acosadora carga de imágenes y sonidos de la realidad virtual. Llegado el momento la confusión es tal, que ya no nos conmueve la injusticia o la muerte provocada; esta nueva realidad (la virtual) nos ha mostrado tanta sangre y tanta muerte que el corazón se nos va callando y las emociones ante situaciones reales y ficticias se van pareciendo hasta que se conjugan en una sola (impavidez en el mejor de los casos).

Siendo así, los medios de comunicación se interponen –no por naturaleza- en el proceso de comunicación. Ya no hay interacción, estamos frente a la mera información, y recibimos tal carga de referencias que ni siquiera podemos consumirlas. No hay ni cuestionamiento ni contraposición entre esta forma de hacer comunicación y el sistema: el consumir no es tan importante como el acumular; así, nos volvemos bodegas de información, la acumulamos. Ya en la década de los 50, Laserfield y Merton, sociólogo y antropólogo respectivamente, hicieron una investigación sobre –en ese entonces- el “nuevo fenómeno comunicacional”, la televisión, y llegaron a la siguiente conclusión: “la televisión es un medio que aporta tanta información en tan poco tiempo que no hay posibilidad para el individuo de asimilarla, ordenarla y procesarla y descartar lo que no le es útil ”. Según Cardozo, los estudiosos propusieron que la televisión provoca un Síndrome de Narcotización Disfuncional.

A este hecho podemos sumar la dependencia que progresivamente tenemos de los textos informativos y de cómo cada vez necesitamos menos de una comunicación interactiva. Barbero ponía como ejemplo el mercado y el supermercado: el primero, un espacio de comunicación, en donde necesariamente tenemos que interactuar; el segundo, “un no lugar”, un espacio físico en donde podemos pasar horas sin necesidad de hablar ni de preguntar; nos basta con la cantidad de textos informativos y de publicidad, estos son los elementos “comunicacionales” que nos guían. Nos vamos tomando el silencio, vamos cediendo la palabra.

Cuando empezamos a tocar el tema de la lógica del espacio virtual, habíamos dicho que los diseñadores de esta realidad tienen sus propios intereses. Estos intereses se evidencian cuando analizamos la información que transmiten, el cómo la transmiten y lo que omiten. De esta manera, nos sentamos ante un mass media y escuchamos las noticias que dentro del medio deciden son las de interés del público; la parte de las noticias que se asegura, son de interés del público; y por supuesto no nos enteramos de aquello que no despierte el interés de este público. Así, en nombre del interés del público, que no es lo mismo que el interés público, se toman las decisiones de lo que debe y no debe existir. Se mediatiza la realidad, y ¿quién lo hace?, pues quien tiene el poder sobre el medio o sobre los medios.

Bueno, y en dónde están las mujeres

En la realidad virtual no existimos. Si bien esta afirmación puede parecer radical o extremista, hay evidencias que dan cuenta de nuestra desaparición como seres reales en el espacio virtual.

¿Cómo nos presentan a las mujeres en el espacio virtual?: a) bellas, según los códigos de belleza establecidos en occidente; b) con cuerpos delgados y en la mayoría de los casos esbeltos, según las claves dadas también por occidente; c) triunfadoras, cuando además de cumplir con estos requisitos estéticos somos inteligentes, por cierto, cuando nos muestran inteligentes generalmente somos la excepción pues estamos rodeadas de muchos hombres en la misma posición, que son la regla; d) buenas, nobles y dignas de respeto, cuando respondemos a las claves femeninas de comportamiento otorgadas por la sociedad maternales hasta las últimas consecuencias; e) desdichadas, hasta que aparece un príncipe azul que nos saca de la situación de tedio o nos resuelve el terrible problema en el que nos metimos por ingenuas o enamoradas; f) temerarias, cuando queremos ser iguales a los hombres (y aquí me lanzo una cuñita, nada más lejos de la realidad, las mujeres no queremos ser como los hombres).

¿Cómo accedemos las mujeres a la realidad virtual? Como la mayoría de personas, a través de la televisión, de la radio, de la prensa, de la red electrónica. Sin embargo, la realidad virtual tiene para nosotras elementos establecidos “específicamente para mujeres”; estas cosas específicas para mujeres las encontramos en la mayoría de revistas que se presentan en cualquier mass media. En estas revistas, en estos espacios, las mujeres podemos encontrar todas las claves que necesitamos para responder de manera acertada y generosa a los estereotipos de mujer que nos plantea la realidad virtual.

¿Cómo tomamos la palabra las mujeres en la realidad virtual?. Temo decir que no la tomamos, en nuestra realidad palpable la exigimos, la pedimos, pero en la realidad que nos plantea la sociedad mediatizada supuestamente no la necesitamos. Entonces, lo que queremos las mujeres, lo que anhelamos y proponemos no existe (no está en los medios). Sólo existe lo que la realidad virtual pretende de nosotras.

En la sociedad mediatizada, se ha mediatizado nuestra presencia, así, cuando no aparecemos en programas evidentemente de ficción (novelas, series, películas, etc.), estamos en los noticieros como parte de la crónica roja o semidesnudas en programas de concursos.

Frente a esta representación virtual de las mujeres, existimos mujeres reales, de carne y hueso con vidas muy diferentes a las pretendidas por la realidad virtual. Físicamente, las mujeres respondemos a formas corpóreas de acuerdo a nuestra raza, a nuestro espacio, a nuestro clima; aquí por ejemplo, las mujeres somos pequeñas, con caderas altas, redonditas, con las piernas cortas, con el cabello café oscuro o negro… evidentemente hay variaciones, pero ese es nuestro esqueleto, diferente al que tienen en el norte de Europa o Estados Unidos, diferente al que nos muestra la realidad virtual.

Por otro lado hablando de mujeres triunfadoras reales, las mujeres tenemos éxito no en cuanto a nuestra estética, como pretende la realidad virtual, sino a nuestra lucha dentro de una sociedad patriarcal; una lucha que si bien no todas la hemos dado, sí hemos sido beneficiarias de sus conquistas, conquistas hechas por las mujeres que se enfrentaron a su tiempo y espacio para abrirnos camino; cada paso que damos en la historia, cada triunfo que obtenemos, individual o colectivo, no es producto de la concesión, sino del constante trabajo de las mujeres organizadas y no organizadas. Pero esta conquista no es visible en la realidad virtual. En la realidad virtual se ha retomado cada conquista de las mujeres para convertirla en una nueva cadena, resulta, entonces, que ser triunfadora es ser prácticamente una máquina porque a más de vernos bellas, y de trabajar eficientemente en una oficina, trabajamos a la perfección en casa; así las cosas, trabajar hasta morir sin descuidar una uña o un cabello y sin posibilidad de vacaciones, es haber triunfado.

Con respecto a nuestra naturaleza femenina, decíamos que la realidad virtual nos muestra seres nobles y buenos como producto de nuestra maternidad, ¿qué pasa entonces con las mujeres que no quieren o que no pueden ser madres?; ¿qué pasa con aquellas que no asumen ese papel social?, ¿son acaso menos mujeres? ¿No son tan nobles porque no saben lo que es ser madre? ¿son más frías por esta “falencia” social? ¿No son tan dignas de respeto y consideración porque no obedecieron a la naturaleza?…

En cuanto a nuestra dicha o desdicha, ésta no está marcada por la presencia o ausencia de un compañero, esta dependerá de cuán cerca estemos de nuestros propios sueños y metas, siempre y cuando estos sueños no sean producto prefabricado en la realidad virtual. Por último, las mujeres no somos unas locas temerarias que queremos parecernos a los hombres cuando hablamos de la reivindicación de nuestros derechos, de hecho, no pedimos que se amplíe la declaratoria de los derechos humanos a “mujeres y hombres”, hemos definido derechos específicos que tienen que ver con la valoración de nuestro ser diferentes.

Si bien es evidente el problema que causa en nuestras relaciones sociales el querer asumir una forma de ser, de pensar y de actuar, diferente a la propia, más grave es que se valore menos a aquellas mujeres que no aceptan o que no se parecen al molde femenino presentado en la realidad virtual. Así, una mujer que no es madre, que no es esposa, que no es ejecutiva, que no es bella, está muy lejos de la meta virtual; entonces habrá un sobre esfuerzo para deshacerse de su ser y construir otro. De esta manera, las mujeres reales distantes a las realidades virtuales, vamos perdiendo nuestra propia forma de comunicarnos e interactuar y empezamos a desarrollar nuestra vida en la realidad virtual, forzando nuestra naturaleza individual y alimentando el sistema: nos vamos alejando del mercado interactuante y nos hundimos en el supermercado, nos alejamos de las vecinas, nos alejamos de las amigas, nos alejamos de la familia ampliada. Cambiamos nuestro eje de relaciones reales por el que nos presenta una realidad virtual y, cambiamos nuestra forma de comunicación interactiva por los textos informativos.

A esto sumemos, que la realidad virtual no sólo nos presenta distorsionadas sino que omite todo aquello que puede aportar en nuestro crecimiento social, de esta forma, en la realidad virtual no se recoge la lucha de los diferentes movimientos sociales, excepto cuando “hacen noticia”, es decir, cuando hay algún elemento que puede ser resaltado como negativo: paros, manifestaciones, cierre de carreteras, etc. El movimiento de mujeres no está exento de este tratamiento; sin embargo, las mujeres hemos trabajado duro para alcanzar nuestras metas que se circunscriben en la consecución de una sociedad justa y solidaria. Así, los avances en la nueva Constitución de la República, la incorporación de los derechos específicos de las mujeres como parte de los derechos humanos, la ley en contra de violencia a la mujer y la familia, las campañas de activismo por los derechos humanos, son, entre otras, conquistas que aportan al progreso de la sociedad desde un punto de vista humanista. Pero estos hechos no están en la realidad virtual por lo tanto no están registrados en la con-ciencia colectiva.

Otro elemento que no podemos dejar pasar es que no sólo distorsiona nuestro ser mujer sino nuestra lucha. La realidad virtual presenta al movimiento de mujeres y su pelea totalmente distorsionada, según la sociedad mediatizada esta lucha es una guerra de sexos, y este hecho sí ha sido registrado por la conciencia colectiva, por eso es que cuando alguien escucha que una mujer es feminista piensa inmediatamente en que es una amargada, una lesbiana, una desengañada o una pobre mujer que no consiguió un hombre. Tan simplista y tan amarillista afirmación.

¿Qué hacer?

Seguramente, muchas personas aquí presentes tienen respuestas a las interrogantes planteadas o tienen soluciones para los problemas establecidos. Ojalá podamos juntar ideas y cambiar el rumbo que ha tomado la comunicación para recuperarla como mecanismo de perfeccionamiento humano.

Me permito proponer algunos puntos que podrían servir como eslabones en la construcción de una cadena humana que trabaje por un cambio en nuestra sociedad para el beneficio común:

1.- Es tiempo de recuperar las fortalezas de los medios masivos de comunicación social, devolviéndoles su misión: ser canales de comunicación para juntar a las personas en la inmensidad de las ciudades y de los países provocando debate e interacción. Como dije, los medios no son por naturaleza piedras en el camino de la comunicación, al contrario, son los cauces por donde fluye el acontecer humano cuya lógica se parecería más a la marea que a un río unidireccional que llega al mar, por su posibilidad de ir y venir, de llevar y traer, no solamente de vaciar.

2.- Las comunicadoras y comunicadores podemos retomar la realidad en que vivimos para reemplazar aquella realidad que se genera en los medios. Para esto debemos empezar por reconocer que estamos viviendo y aportando en la construcción de “un no lugar” que nos fragmenta como ciudadanas y ciudadanos.

3.- Es necesario que la comunicación no permita que vaciemos la memoria a cuenta de un mundo globalizado al que supuestamente debemos responder con profesionalismo. No podemos en nombre de la globalización y el avance tecnológico dejar cada vez más atrás nuestras costumbres, nuestras tradiciones. Debemos mantener viva nuestra cultura como, talvez, la única balsa para evitar ahogarnos en un futuro de seres humanos programables y programados, sin memoria.

4.- Como periodistas y comunicadores/as debemos seguir más de cerca lo que hacen los movimientos sociales, pues con el crecimiento de las ciudades, las formaciones sociales no se hacen alrededor de un espacio físico sino en torno a un sentimiento común, así se van conformando nuevas identidades sociales ya sea por género, por edad, por reivindicación laboral, por la conservación ambiental, etc. Debemos aportar en el debate de estas formas de agrupación caso contrario seguiremos poniendo nuestro trabajo a favor de la fragmentación.

5.- Debemos valorar nuestra forma de ser mujeres y nuestra lucha. Es tiempo de frenar esta construcción de la realidad virtual que nos muestra a las mujeres tan lejanas a lo que realmente somos y que presenta a la lucha de las mujeres como una lucha en contra de los hombres, este es otro “virtualismo” que nos fragmenta.

Sin embargo, la responsabilidad no está solamente en manos de las comunicadoras y comunicadores; ciudadanas y ciudadanos también debemos optar por imponer la realidad de nuestra vida a los virtualismos que nos alimentan. Dejar de ser programables es un reto que tenemos para evitar que, quienes tienen el poder, nos mantengan en esta soledad obscura de textos informativos y de incomunicación del virtualismo.

APRENDIZAJE: FORMACIÓN O INFORMACION

Nidya Pesántez Calle

Ponencia para el I Encuentro Regional sobre Acompañamiento Organizacional al Desarrollo

APRENDIZAJE: FORMACIÓN O INFORMACION

Por: Nidya Pesántez C.

Las personas estamos, aparentemente, en un constante e imparable proceso de aprendizaje, cada experiencia nueva nos propone un nuevo conocimiento; sin embargo, éste se hará efectivo sólo si queremos y decidimos que así sea. De esta decisión dependerá lo que construyamos en nuestro interior: personas con autonomía y con capacidad de discernimiento o, personas con un gran cúmulo de información. ¿Qué queremos ser? Y por lo tanto, ¿Qué podemos hacer con nuestra intervención en el desarrollo?.

Definir elementos teóricos o metodológicos del aprendizaje de las personas adultas en el marco del desarrollo, pasa necesariamente, por la concepción que tengamos sobre esta categoría, así, mientras más humanista sea nuestro concepto, más humilde y ambiciosa será nuestra propuesta en el campo del aprendizaje.

El aprendizaje posibilita que tomemos aquellos elementos nuevos que recibimos e impartimos simultáneamente –sean estos teorías, métodos o experiencias- para recrearlos, enriquecerlos, renovarlos con miras a transformar nuestro entorno y nuestra práctica en su diversa forma de aplicación; podemos jugar con cada aspecto aprendido en la medida en la que se transformó en un nuevo conocimiento. Cuando retomar dichos elementos para su recreación y enriquecimiento se nos vuelve difícil o imposible, cuando se nos vuelve inaplicable y no es fuente de cambio, no hablamos de aprendizaje, hablamos de la adquisición de nuevas referencias.

Partiendo de este planteamiento, pensamos que es preciso en el campo del desarrollo retomar el aprendizaje diferenciando dos mecanismos de intervención y de actuación –incluso más allá del desarrollo-: la formación y la información. ¿Cuándo efectivamente nos estamos formando y cuándo sólo nos informamos?. ¿Cuánto formamos y cuánto informamos?. ¿Cuán enriquecedor puede ser informarse y cuánto puede ser el formarse?. Cada persona tiene su propia apreciación al respecto, hoy haremos un planteamiento sobre estos dos puntos de partida y cada quien decidirá su punto de llegada.

Hablemos de la información

El propio prefijo del término información: “in” al tener un significado privativo, da cuenta de un sentido opuesto al de la acepción de la palabra formación, ¿Es una mera coincidencia?, usted dirá. Por supuesto, el prefijo “in”, significa también “en” o “hacia”, se puede decir entonces, que la información es un componente que nos lleva “hacia” la formación o nos tiene “en” formación. Pero antes de dar una respuesta vamos a situarnos en el momento presente y a reconocer el significado y connotación de esta categoría.

En la actualidad la humanidad tiene abiertas puertas y ventanas a la información, especialmente aquella parte del planeta que tiene acceso a los medios masivos y a la tecnología de comunicación. ¿Por qué le damos tanta importancia a mantenernos informadas e informados y no así a nuestra propia formación?.

Podríamos hablar de tres elementos que han puesto a la información sobre la formación: 1) es tiempo del tiempo, es decir, no contamos con él; mientras más rápido y ágil sea lo que nos llega mejor; no tenemos oportunidad de profundizar para elaborar nuestro propio conocimiento, aquel que nos posibilita discernir. Todo aquello que titule “10 pasos para…”; “20 minutos para conocer todo sobre…”; “aprenda en un mes…”; “carreras cortas…”; etc., tendrán una acogida impresionante en la sociedad. 2) Si no sabemos lo que sucede en el Ecuador y en el mundo no formaremos parte de “la ronda” (en palabras de Kundera); no podemos quedar fuera, es intolerable no conocer todos los detalles sobre un suceso o evento que se volvió noticia, por lo tanto las horas clave del día son aquellas en las que podemos ver noticias, leer noticias o escuchar noticias. 3) Información hay para todas las personas, pero conocimiento no. El conocimiento cuesta más: tiempo, dinero, voluntad; la información puede llegarnos incluso sin que le dediquemos un tiempo específico; no requiere de fuertes inversiones y no necesitamos ponerle voluntad. Está allí, en la radio, en la prensa, en la televisión, en la computadora.

Podríamos decir que a través de la información ganamos elementos para nuestra formación, pero si partimos de la realidad en la que vivimos en torno a la información, es comprobable que ésta, lejos de aportar en la formación, incrementa un proceso de deformación de las personas. Mencionemos tan solo tres elementos de la información actual que dan cuenta de lo dicho:

1) La información masiva es trivial: se buscó una forma de poder concentrar a cientos de miles de personas frente a elementos comunes: un hecho, una publicidad, una propaganda, una novela, y el mecanismo encontrado fue la trivialización de lo que se presenta, así, todo tiene un sentido similar y dejamos de distinguir la realidad de la fantasía especialmente en la televisión y prensa. En palabras de Oscar Raúl Cardozo “la comunicación de realidades complejas y/o para audiencias masivas, demandan un grado importante de trivialización. Éste es un requisito, el mejor periodismo que ustedes puedan concebir, conlleva un grado inevitable de trivialización”. Esta trivialización tiene dos objetivos detrás de sí: a) no cuestionar: lograr que la masa sienta que las cosas se dan de ese modo y que debemos seguir con nuestra vida en el momento y espacio que nos tocó actuar; b) deformar: aceptar los valores de relacionamiento social que nos impone el sistema para poder mantenerse. Los seres humanos somos eminentemente buenos, sin embargo, nos deforman.

2) Exceso de datos. La cantidad de datos que absorbemos día a día, no permite que esos datos se transformen en conocimiento, es decir, no aportan en la autonomía y capacidad de discernimiento que sí nos da la formación. Ya en la década de los 50, Laserfield y Merton, sociólogo y antropólogo respectivamente, hicieron una investigación sobre aquel “nuevo fenómeno comunicacional”, la televisión, y llegaron a la siguiente conclusión: “la televisión es un medio que aporta tanta información en tan poco tiempo que no hay posibilidad para el individuo de asimilarla, ordenarla y procesarla y descartar lo que no le es útil ”. Según Cardozo, los estudiosos propusieron que la televisión provoca un Síndrome de Narcotización Disfuncional.

En la Universidad de Columbia se hizo un estudio para conocer la cantidad de información que puede percibir una persona promedio de una gran ciudad (edad, dinero, posición social, nivel de instrucción). Esta investigación interdisciplinaria dio como resultado lo siguiente: “Si un día Domingo (se tomó un día Domingo porque las ediciones de los diarios ese día son mucho más voluminosas que en el resto de la semana), una persona compra o accede a un diario de formato sábana, y decide esa mañana sentarse y leerlo desde la primera palabra hasta la última, estaría en condiciones en ese sólo acto, improbable, pero estaría en condiciones de absorber en ese sólo acto más información nueva, más noticia en el sentido estricto, que una persona durante toda su vida en el siglo XVI ”. Lastimosamente, este cúmulo de datos, esta multitud de datos que recibimos y absorbemos todos los días no pueden transformarse en conocimiento, pues no aportan en nuestra capacidad de decisión, en nuestra autonomía para elegir lo que es mejor para nuestra vida o para nuestra sociedad. Es un bombardeo que impide, como dijeron Laserfield y Merton, procesar, ordenar y discriminar. La información se convierte en una suerte de acumulación constante, que va a tono con el sistema en que vivimos.

3) Intereses específicos de las cadenas de información. El poder que han adquirido los medios masivos de comunicación rebasa la realidad. Así, lo que no está en un medio no existe. De hecho, en palabras de Cardozo, el espacio público, aquel lugar físico en donde se debatía la vida cotidiana y la problemática social, es ahora un espacio virtual. En la actualidad todo aquello que no sucedió en el espacio virtual no es registrado por la colectividad, aunque efectivamente suceda en el espacio físico palpable, y lo que es peor, se dan situaciones contrarias: en el espacio virtual puede pasar, puede ocurrir y puede quedar registrado en la conciencia colectiva como un hecho innegable, aquello que nunca sucedió.

¿De qué depende que se registre o no la vida misma en el espacio virtual?: de los intereses a los que responde cada cadena de información. Y sobre este tema se ha dicho ya suficiente, pero no se ha hecho nada aún.

El problema de la información, sin embargo, no está solamente en las cadenas nacionales, locales o internacionales. No solo los mass media informan, y no sólo los mass media tienen intereses específicos que no se corresponden con los intereses de la población. Nuestra intervención también puede estar distanciada de los procesos de formación y dedicada a la información, embotando de datos a las personas con quienes trabajamos, sin permitir espacios de reflexión –que son los que generan conocimiento-, y respondiendo a nuestros intereses; podemos incluso, estar transformando los espacios físicos de discusión en un espacio virtual en el que los tamizadores somos nosotras, nosotros.

Acerquémonos a la formación
Partimos del siguiente supuesto: la formación es producto del aprendizaje que nos genera conocimiento y por tanto, posibilita cambio.
El aprendizaje, se convierte entonces, en una herramienta para alcanzar un objetivo más amplio, y éste al ser alcanzado se transformará en herramienta para un objetivo más amplio todavía, y así sucesivamente, como todo lo que sucede en este universo. Si graficamos lo dicho podríamos hablar de una serie de circunferencias, que se entrelazan de manera ascendente (espiral) para pasar de objetivo a herramienta y nuevamente a objetivo. Es por esto que cada cosa que hagamos en los primeros niveles repercutirá, positiva o negativamente, en el objetivo macro planteado.
Desde esta significación, en GAMMA hemos concebido al aprendizaje como uno de los círculos ubicado en los primeros niveles de la espiral, para ser reencontrado en los círculos medios y superiores, con elementos mucho más elaborados. El aprendizaje es el centro del conocimiento y éste el de la transformación social. Tomando este embarcadero como punto de partida, hemos retomado como camino para intervenir en el proceso de aprendizaje la metodología dialéctica. Si bien la categoría social ha perdido vigencia en su significante, su significado es rico y sobre todo, con el paso del tiempo y de su aplicación se ha enriquecido aún más.
Así las cosas, abordamos el aprendizaje partiendo de algunas preguntas generadoras. ¿Qué elemento vamos a golpear en esta espiral para que resuene en el resto de niveles y cómo va a resonar?. ¿Vamos a participar de un proceso de formación o de información?. ¿Hacia dónde estamos caminando con cada evento de aprendizaje?. Aclarado el qué, el por qué y el sitio de llegada, definimos el cómo. Y como ya mencioné, nos servimos de la metodología dialéctica: partimos de la realidad presente, una vez conocida la situación se elabora un proceso de reflexión sobre esa realidad, de este proceso retornamos con nuevos elementos a la realidad que analizamos para enriquecerla o transformarla. El reto está en la capacidad del retorno, teóricamente podemos establecer estrategias de intervención para regresar a la realidad con el objetivo de cambiarla, sin embargo, esto no siempre es posible, muchas veces, aquellas estrategias definidas, aquellas actividades planteadas después de la reflexión, no pueden ejecutarse; si esto sucede, ya podemos aceptar que no hemos efectivizado el aprendizaje. Hemos caído en la trampa de trabajar para aportar nuevas referencias, para impartir datos y elementos acumulables.
Hasta el momento los fracasos más grandes en los procesos de aprendizaje desatados en el contexto del desarrollo social, se encuentran marcados por este factor: la inaplicabilidad de los elementos analizados y teorizados, producto de la imposibilidad de tomar estos aspectos y jugar con ellos para su recreación y enriquecimiento. Esto nos da como desalentador resultado que no hemos contribuido en el crecimiento individual y colectivo (ni nuestro ni del conjunto con el que trabajamos) sino en el acopio de información que no posibilita autonomía –como ya se había mencionado- ni mejora la capacidad de decisión.
Frente a esta realidad, en GAMMA desatamos la dialéctica no sólo en el discurso de un taller o de un evento, por definición nos tomamos el tiempo necesario para la aplicación de cada teorización, propia o ajena; de la misma manera, pensamos que cualquier evento de aprendizaje para serlo debe estar inserto en un proceso más grande, es decir, debe estar ubicado en algún espacio de la espiral de la que habíamos comentado. Así, si hablamos de herramientas de género, desarrollamos desde la metodología planteada los elementos de aplicación y renovación que generen un nuevo conocimiento. Como diría mi hermana Irene, “todo lo que trabajemos teóricamente en torno a nuestra apuesta debe contar con su tren de aterrizaje”. En este mismo sentido, si hablamos de herramientas de género, éstas deben ser un factor que provoque movimiento en la espiral para incidir positivamente en el proceso más profundo; en el cambio que queremos alcanzar.
Para saldar
Después de lo expuesto en torno a estos dos conectores de intervención, nos quedan dos cosas por decir:
La primera: pensamos que la formación promueve transformación, por tanto es nuestra propuesta arriesgarnos en este ámbito. Si hemos tomado el aprendizaje como herramienta de acompañamiento a las organizaciones, si en nuestro plan de intervención se contempla este camino, retémonos a hacerlo desde la perspectiva integral de la formación.
La segunda: sostenemos que la información es un sendero por el que se llega a la reproducción del sistema, por ende, opinamos que no vale la pena derrochar tanta energía y tantos recursos para perpetuar el sistema. Para esto ya se han creado suficientes y efectivas formas, de las que todas las personas hemos sido y somos víctimas y cómplices. Una cosa es conocer lo que pasa (información) y otra entenderlo para buscar y encontrar la manera de cambiar aquello (formación – aprendizaje).
La mayoría de personas que estamos aquí hemos optado por intervenir en la realidad porque no compartimos lo que en ella sucede; este interés, independientemente de la motivación que tengamos, se ha explicitado, por esto reiteramos que nuestra búsqueda no se direcciona a la adaptación de lo que “ya está dado”, no tendría sentido. Incitamos, entonces, a transformar lo establecido, más allá del tiempo que nos tome, más allá de la premura coyuntural.