DESPUES DE LAS CELEBRACIONES DEL 8 DE MARZO

Sandra López A.

DESPUES DE LAS CELEBRACIONES DEL 8 DE MARZO

Por: Sandra López A. GAMMA

Hemos asistido durante todo el mes de marzo a un conjunto de actos y celebraciones, todas, dicen, en honor al Día Internacional de la Mujer; a 100 años de la instauración de esta fecha y de todo lo que ella significa.

Firma de acuerdos, conciertos, obras de teatro, homenajes, marchas, entre otras fueron las principales actividades en este mes de marzo; sin embargo, el propio 8 de marzo, algunos homenajes en instituciones públicas, privadas, establecimientos educativos, etc., retomaron justamente aquellos estereotipos de género que son una de las principales causas para la discriminación, violencia, abuso y exclusión de las mujeres.

Aquellos calificativos como “pilar de la sociedad”, “mujer sublime”, “madre ejemplar”, “esposa abnegada”, “hija dedicada” entre otros, no han venido necesariamente de la mano de políticas públicas que garanticen el ejercicio de derechos; ser pilar de la sociedad no ha significado que tengamos iguales salarios que los hombres; ser madres, esposas o hijas ejemplares, abnegadas o dedicadas, no ha posibilitado que las mujeres que se dedican al trabajo reproductivo tengan garantías laborales, prestaciones o seguridad social; tampoco ha coadyuvado al cambio en la visión sobre la responsabilidad familiar de la que los hombres han sido excluidos; y claro, no podemos hablar de sublimidad si 7 de cada 10 mujeres sufren violencia doméstica.

Celebrar implica tomar conciencia de los pasos que nuestra sociedad aún no ha dado para garantizar el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres en igualdad de condiciones con nuestros compañeros, los hombres; implica también conocer que para que en la actualidad podamos hablar públicamente de nuestros derechos y exigirlos, muchas mujeres dieron su vida (obreras, artesanas, sindicalistas, artistas, curanderas, feministas) porque tomaron la decisión de decir ¡BASTA! Basta de que no nos vean, basta de no ser personas, basta de no poder hablar, de no poder estudiar, basta de tener que ser al mismo tiempo santas y brujas.

Así como ayer, las demandas continúan porque si bien “las cosas han cambiado”, no han cambiado lo suficiente. Somos el 51% de la sociedad y aún no accedemos a un ejercicio real de nuestros derechos, somos el 51% de la sociedad y todos los días sufrimos violencia: en la casa, en la calle, en la escuela, en el trabajo; somos el 51% de la sociedad y todavía no vemos en nuestros Estados una representación paritaria de mujeres y de hombres; somos el 51% de la sociedad y continuamos recibiendo un salario inferior que un hombre por exactamente la misma labor.

Celebrar el 8 de marzo no es regalar una flor y decir “feliz día”; celebrar el mes de marzo es dar pasos hacia una condición diferente, conmemorar entonces implica reforzar compromisos de responsabilidad individual y colectiva; es entonces actuar decididamente para que el 100% de la población goce efectivamente de sus plenos derechos.

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