QUEREMOS ESTABILIDAD

Nidya Pesántez Calle

QUEREMOS ESTABILIDAD

Por: Nidya Pesántez C. (GAMMA)
Martes, 21 de marzo, 2006
Luna menguante

En estos tiempos de palpitación social, de movimiento y de movilizaciones, hemos escuchado las voces del poder político y económico clamando por paz para evitar las pérdidas económicas de las que son víctimas. También hemos escuchado sus ecos a través de diversos medios masivos de comunicación que plantean volver a la calma para darle estabilidad al país y a su proceso de gobernabilidad. Y por supuesto, hemos escuchado las voces del pueblo contrapuestas exigiendo calma y objetividad por un lado y dignidad y soberanía por otro.

Esta no es la primera vez que asistimos a un momento como éste en el país, y tampoco es la primera vez que encaramos las posturas contrapuestas, y por supuesto, no será la última. Sin embargo, cada vez que la población se pronuncia masivamente pedimos tranquilidad, pedimos silencio, pedimos que las expresiones de descontento o de confrontación regresen a su casa y a sus puestos de trabajo para que no se altere el orden, para que las piezas no se dispersen. No nos interesa demasiado si la figura del rompecabezas de nuestra sociedad es o no coherente, es o no luminosa, es o no agradable, es o no equitativa, es o no solidaria; nos interesa que las piezas se mantengan tal y como están porque queremos estabilidad, porque tenemos miedo a perderla.

¿Qué tipo de estabilidad es la que andamos buscando? Por lo dicho podríamos decir que buscamos la quietud, la calma, “la paz que solo se encuentra en los cementerios” como diría Cohelo. Pero la permanencia no recrea la vida, la falta de movimiento contradice su esencia, todo en el universo es dinámico y como nos han planteado los últimos descubrimientos físicos, su dinamia no es mecánica como Newton pensó. El caos es la fuente y el escenario en el que todo se mueve, en el que todo fluye. Nos preguntamos ¿son ilusas estas voces que exigen la vigencia de lo que la vida no ha puesto a nuestro servicio? Y decimos esto porque no podemos negar que una de las características de nuestra vida es la incertidumbre, y es en esta incertidumbre en donde debemos plasmar el arte de la existencia. El ser humano, según dice Assmann encuentra en la incertidumbre “una de las cualidades más fascinantes del placer”.

No queremos cambiar, queremos la inmovilización que se nos vende como estabilidad; tenemos miedo a la transformación, nos negamos a la creación y escuchamos las voces del opresor como una balsa de salvación, salvación que se traduce en el sostenimiento del actual estado de cosas que confundimos con estabilidad: “mal con el TLC, peor sin él” dicen algunas de estas voces que temen que no bajar la cabeza ante el imperio nos conmocione y nos “desestabilice”. Qué miedo le tenemos al movimiento fuente de nuestra existencia, qué miedo le tenemos a la incertidumbre. Preferimos la esclavitud en este estancamiento a la libertad que será posible en el careo diario con el porvenir.

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