Cómo aprendimos a volar (II Edición)

Adenda de la segunda edición:
La primera edición de este libro inspiró a varias mujeres de diferentes procesos organizativos tanto a contar sus testimonios como en sus procesos de duelo y superación de experiencias de violencia. Algunas de ellas quisieron agregar sus testimonios en esta segunda edición. Esperamos que más y más mujeres sigan tomando aportes de estos y otros testimonios y puedan levantar sus alas y volar.

Esta publicación es financiada con recursos de la FRL con fondos del BMZ (Ministerio Federal para la Cooperación y el Desarrollo Económico de la República Federal de Alemania). Esta publicación o algunas secciones de ella pueden ser utilizadas de manera gratuita, siempre y cuando se proporcione una referencia apropiada de la publicación original. El contenido de la publicación es responsabilidad exclusiva de la Fundación GAMMA y no refleja necesariamente la postura de la FRL.

Nuestras Semillas Nuestra Vida (II Edición)

Desde la publicación de este libro en el año 2011, la difusión, el interés por su contenido y los debates generados sobre el tema han ido creciendo.

La puesta en práctica de acciones en el marco del Plan de Gobierno construido con el grupo de mujeres Chakiwarmikuna inició justamente con la realización de este inventario y su publicación; a raíz de este hito, nuevas investigaciones y publicaciones fueron levantadas y difundidas: inventario de recetas ancestrales: “Nuestras recetas, un aporte para la soberanía alimentaria”; inventario de prácticas de intercambio y trueque: “Buen vivir y soberanía alimentaria”; inventario de plantas medicinales del páramo y de la huerta: “Buscando nuestro lugar en la tierra”; inventario de técnicas y prácticas
ancestrales: “Tecnología ancestral”; finalmente una publicación en la que se plasman las experiencias y testimonios personales del grupo Chaskiwarmikuna, en la construcción de una vida libre de violencia: “Cómo aprendimos a volar”.
Cada uno de los libros formó parte de un camino de regreso al territorio, para conocerlo, para valorarlo, para tomar decisiones, inició con las semillas, luego los alimentos, las plantas medicinales, las prácticas cotidianas y colectivas, para finalmente llegar al interior y a lo más profundo de las experiencias individuales. El libro: “Nuestras semillas, nuestra vida”, marcó el inicio de todo este proceso. Fue literalmente la semilla.

En estos ya más de 10 años, el grupo de mujeres Chaskiwarmikuna se fortaleció y amplió su ámbito de incidencia; con las publicaciones en las manos, el trabajo fue llevado a otras regiones y ciudades y luego también llegó más allá de las fronteras del país. Las personas reciben este trabajo, estas publicaciones como un aporte que visibiliza a sus protagonistas a través del contenido de cada uno de los libros.

El libro agotó su primera edición en el año 2017, por ello, y con base en el diálogo y experiencias surgidas a partir de su publicación, se acordó la publicación de una segunda edición, una nueva publicación que amplíe el aporte ya realizado con la recopilación de información sobre los usos medicinales de las semillas y que cuente adicionalmente con una revisión científica desde el campo de la biología y la taxonomía para perfeccionar y actualizar la identificación y descripción de cada una de las semillas que contiene el primer inventario.

La descripción de los usos medicinales de los alimentos, preparación y consumo, incluye una recopilación de prácticas y sabiduría local, estos consejos sobre los usos deberán ser utilizados bajo responsabilidad individual.

Con la seguridad de que esta publicación llegará a miles de manos y voluntades para continuar cuidando, guardando y posibilitando la construcción de propuestas para la soberanía alimentaria a partir de procesos de empoderamiento de las mujeres, presentamos ahora el libro: “Nuestras semillas, nuestra vida”, en su segunda edición.

La presente publicación forma parte del proyecto “Formación para el empoderamiento de las mujeres”, ejecutado por GAMMA y el grupo Chaski Warmikuna en el período enero 2020 – noviembre 2020, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburg.
Segunda edición, noviembre 2020.

Descarga aquí la publicación: Nuestras Semillas Nuestra Vida (II Edición)

De privilegios y aliados

Es necesario romper la lógica del sistema capitalista cuya alianza con el patriarcado es consustancial. Por lo tanto un primer elemento en este tema es darle valor a ese trabajo al cual el sistema no le da valor: La casa. Qué hacer para darle valor?, comencemos por cambiar nuestro lenguaje cuando nos referimos a ese trabajo, no es cualquier trabajo es EL trabajo con mayúsculas, que permite que toda la sociedad funcione.

De privilegios y aliados 21.11.2020

Por: Sandra López. GAMMA

Buenas tardes

Esta es una de aquellas excepcionales situaciones en las que el nombre del evento podría no requerir el uso de lenguaje en masculino y femenino; sin embargo, creo necesario afirmar que en la segunda parte del nombre aún es necesario hablar de alianzas; porque el movimiento de mujeres no necesita solamente aliados, sino también aliadas; y después de haber escuchado varios discursos de autoridades en la ciudad en estos días de activismo, estoy más segura todavía de que necesitamos de aliados y de aliadas…

El movimiento feminista necesita alianzas, porque no todas las mujeres somos feministas, y porque claro, necesitamos de manera totalmente urgente juntar a los hombres en esta causa que es social, y que va más allá de mujeres u hombres, pues tiene que ver con el futuro de la especie humana en el planeta.

Pero no es mi intención quedarme en este análisis de género en el lenguaje.

Así es que sin más preámbulos hablemos de los privilegios, para luego pasar a los aliados.

Yo no comparto la afirmación de que con el machismo pierden mujeres y hombres; sobre todo, no estoy de acuerdo en que la pérdida sea igual para unas y para otros. Definitivamente y como pretendo sustentar, las mujeres y con mucha distancia, pierden mucho más que los hombres, no es otro el origen de la palabra patriarcado que significa el imperio o predominio del patriarca, es decir, de los hombres.

Unas pocas cifras permitirán sostener lo planteado[1]:

Las mujeres somos el 51% de la población en el mundo; un 70% de esas mujeres en el mundo están en situación de pobreza.

Del total de presidencias en el mundo, en la actualidad, solamente un 9% están ocupadas por mujeres; y en los parlamentos, representamos únicamente el 24%.

En la historia ha habido 56 primeras ministras o presidentas de aproximadamente 4.000, sin contar reyes, emperadores y otros monarcas.

Somos 6 de cada 10 estudiantes son universitarias, 3 de cada 10 docentes,  1 de cada 10 autoridades y 1 de cada 10 investigadores/as.

13% de presidencias de empresas ecuatorianas son ocupadas por mujeres.

En Ecuador, las mujeres trabajan 17 horas más por semana que los hombres; en el ámbito urbano 23 horas en el área rural.

Globalmente, los salarios de las mujeres son un 20% más bajos que los de los hombres por exactamente el mismo trabajo.

Las mujeres y las niñas son responsables de recolectar el agua en el 80% de los hogares que no tienen agua corriente.

El cambio climático tiene un impacto desproporcionado en las mujeres, las niñas y los niños, dado que es 14 veces más probable que fallezcan durante un desastre que los hombres.

En el mundo, la violencia de género mata más mujeres que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico, el paludismo y todas las guerras juntas.

4 mil millones de dólares es el costo mundial de la violencia hacia las mujeres; representa el 5,2 del PIB mundial.

15 millones de niñas y adolescentes en el mundo, han sufrido violaciones.

Según la última encuesta de violencia contra las mujeres en el Ecuador, presentada el día 25 de noviembre pasado, 65 mujeres de cada 100 han experimentado algún tipo de violencia de alguno de los distintos ámbitos de la misma, a lo largo de su vida. (En la encuesta pasada se hablaba de 60)

En el caso del Azuay, la cifra se ha elevado considerablemente desde la medición anterior en el año 2011. 79 mujeres de cada 100 mujeres; es decir, casi 8 de cada 10 sufren violencia. Siendo el Azuay, la provincia donde más violencia se percibe.

4 de cada 10 mujeres han sufrido violencia física y 3 de cada 10 violencia sexual.

En el Ecuador, hay un femicidio cada tres días.

En Latinoamérica 7 de cada 10 mujeres han sufrido abuso sexual antes de los 16 años.

Cada día, 8 niñas y adolescentes de 10 a 19 años se vuelven madres, siendo el Ecuador el tercer país de la región con la tasa más alta de embarazo adolescente.

Hasta aquí y casi sin respiración, termino las estadísticas.

Los datos descritos deberían ser suficientes como para que cualquier persona se espante y se pregunte cuál es su papel en la perpetuación de esta situación, si lo tiene o no, qué está pasando, cómo puede una sociedad vivir así, cómo puede un país prosperar y cómo puede una especie vivir con esta brutal desventaja de las mujeres frente a los hombres.

La lógica debería bastar para que toda la sociedad, mujeres y hombres nos pongamos en alerta y definamos decididamente que esto no puede seguir así; sin embargo, no es tan fácil.

La estadística descrita, es la consecuencia de un sistema en el que desde que nacemos hasta que morimos nos enseña a través de sus distintas instancias cómo debemos comportarnos.

Por qué es difícil darse cuenta de que en nuestra sociedad un 49% de la población tiene privilegios solo por el hecho de vestir de celeste al nacer?, podría utilizar otra descripción más prosaica, pero prefiero utilizar la metáfora.

¿Entonces qué significa vestir de celeste en nuestra sociedad?

En pocas palabras,

  • tener más oportunidades laborales pues no te preguntarán si eres casado o no; tampoco tomarán en cuenta si estás o no en edad reproductiva
  • tener un mayor salario que las mujeres, solo por… vestir de celeste al nacer; si no pregunten por los jornales en la agroindustria, en el sector de servicios o de infraestructura.
  • A pesar de tener muchas más probabilidades de ser padres que las mujeres de ser madres, socialmente la responsabilidad sobre los hijos no está sobre sus hombros
  • tener una palabra con mayor valor que la de las mujeres, pues nosotras, según el estereotipo social, somos chismosas, exageradas, mentirosas y otros calificativos que no son aplicables a los hombres según este nuestro sistema patriarcal, y por lo tanto, su palabra tiene mayor valor: “palabra de hombre” decía el dicho
  • así mismo, tener un temperamento más confiable que las mujeres para ciertas cosas, sobre todo las importantes; nosotras (y nuevamente según el estereotipo social) somos volubles, histéricas, caprichosas, nos dejamos llevar por las emociones, sobre todo en “esos días”; no así los hombres, quienes según el mismo estereotipo social, son serios, serenos, moderados, ecuánimes, calmados a la hora de decidir
  • vestir de celeste al nacer, también significa, tener mayor autonomía que las mujeres en todos los campos; pueden ser candidatos sin tener que preocuparse de qué pasará con su familia durante la campaña y mientras dure su cargo, en caso de ganar; horas y horas de viajes y actividades públicas sin tener que gastar energía pensando en la casa; tampoco tendrán que encargarse de los elementos básicos del cuidado de su familia si tienen un viaje de negocios o un seminario de capacitación; cuando se encuentren en una reunión importante de trabajo y sea la 1 de la tarde, no tendrán en mente qué pasará con sus hijos si llegan a casa y no hay nadie para recibirles; tampoco pensarán en ese momento si la comida estará lista para sus hijos; definitivamente cuentan con que sea así… generalmente una mano invisible, como por arte de magia tendrá solucionados todos esos temas y problemas menores; de igual manera, el viernes no tendrán que pedir permiso para salir con los amigos; o el fin de semana para prácticar deportes; se lo merecen después de una ardua semana de trabajo… por lo tanto, autonomía en todo sentido
  • lo anterior va de la mano con el hecho de no tener que preocuparse por el funcionamiento cotidiano de la casa: lavado de ropa, preparación de alimentos, limpieza de pisos, etc; si son hijos, sus hermanas o su madre estarán para atenderle; si son padres, su esposa (así literalmente hablando) estará lista para que nada le falte, así como sus hijas, en caso de haberlas.
  • Pueden caminar por la calle sin miedo a que los acosen, los toquen o los violen. Pueden caminar tranquilamente frente a una casa en construcción y nadie se volteará para observarlos, silbarles o decirles palabras ofensivas disfrazadas de “piropos” hasta que se pierdan de vista
  • Tendrán mayor oportunidades para estudiar… si están en el campo serán los elegidos para continuar sus estudios; las mujeres no, ellas tienen que ser de la casa y para la casa
  • Para venir a la universidad no tienen que pensar por dónde caminarán, qué ropa deben usar, cuál será la hora máxima para regresar; la seguridad en la calle frente a la violencia sexual no es un tema que ocupe su pensamiento
  • Tampoco tendrán que pensar si el profesor les va a acosar o si cuando les llame para algún trabajo les hará otro tipo de propuesta…

Por supuesto los ejemplos nombrados parten del estereotipo social que más conocemos y asignamos a mujeres y a hombres en la actualidad; y son ejemplos que generalizan, hay casos particulares y diferentes, lamentablemente son muy pocos.

Hemos hablado de la situación real; hemos descrito someramente los privilegios, estoy segura de que ustedes podrán enumerar muchos más. Por lo tanto, privilegios, los tienen y son muchos.

Entiendo que el público aquí presente tiene ya un mínimo acercamiento a lo que estoy planteando; así es que sin más detalle, pasaré ahora a la parte final que busca plantear cómo pensamos que se puede afianzar la alianza de los hombres al movimiento feminista.

Un primer elemento es que yo pienso que puede y debe haber hombres feministas; si no no estaría aquí hoy.

Y luego, como propuestas para que esa alianza de los hombres sea mayor cada vez y por supuesto que logremos mayor incidencia social, me permito poner en su consideración lo siguiente:

  • Es necesario romper la lógica del sistema capitalista cuya alianza con el patriarcado es consustancial. Por lo tanto un primer elemento es darle valor a ese trabajo al cual el sistema no le da valor: La casa. Qué hacer para darle valor?, comencemos por cambiar nuestro lenguaje cuando nos referimos a ese trabajo, no es cualquier trabajo es EL trabajo con mayúsculas, que permite que toda la sociedad funcione; que niños y niñas vayan limpios a la escuela; que los hombres vayan a las fábricas o a las construcciones con fuerza y salud; que permite en fin, que toda la fuerza de trabajo de este sistema esté sana y en perfectas condiciones para producir… es decir, no es poca cosa, por lo tanto; cambiemos el lenguaje; el paso siguiente sería darle valor a ese trabajo, porque el sistema actual en el que vivimos, no entiende otro lenguaje sino el del dinero y los costos; sin embargo, cuando se incorpore en la cuenta nacional el valor del cuidado, el sistema tendrá que cambiar su lógica de costos. Entonces desde la Academia, es necesario profundizar con investigación en este campo, desarrollar nuevos indicadores indicadores del afecto, de la creatividad, de la solución de problemas cotidianos, del apoyo, del cuidado, de la escucha; de tal manera que tengamos un valor diferente y más aproximado de lo que aporta actualmente el trabajo de la casa al presupuesto total del país; seguro que nos sorprenderemos; pero en este mismo tema; es necesario que los hombres, sin miedo a que se les caigan las manos (U otra cosa) hagan el trabajo de la casa, con la misma calidad, perfección, con los mismos temas y permanencia con que lo hacemos ahora las mujeres; será la única manera de disminuir esas 17 horas más de trabajo que hacemos las mujeres por semana en el Ecuador. Por lo tanto, la primera cosa es ser parte totalmente y no solo como apoyo temporal, una vez a la semana o en el día de la madre, del trabajo de la casa, del trabajo de los cuidados. Desde nuestra perspectiva, este abordaje puede realizarse a partir de la propuesta del Desarrollo a Escala Humana que no mide con la lógica de la economía tradicional del capital; sino desde una mirada humana, desde las necesidades humanas esenciales: afecto, protección, subsistencia, identidad, conocimiento, participación, ocio, creación, trascendencia y libertad.
  • Una segunda propuesta que también parte desde la perspectiva de desarrollo a escala humana es la necesidad de conformar alianzas operativas para la protección, redes de cuidado y de activación conformadas por grupos de hombres contra la violencia; para evitar la violencia de todo tipo; podemos frenar la violencia simbólica si evitamos hacer chistes o bromas sexistas; si cambiamos nuestro lenguaje y usamos palabras inclusivas sin miedo; también si en nuestra práctica educativa o profesional en cualquiera de las ramas, evitamos el uso de estereotipos de género; así mismo podemos frenar la violencia psicológica si dejamos de reir cuando alguno de nuestros amigos ofende a su compañera o intenta relatar aspectos íntimos de su relación sin el consentimiento de su pareja, por ejemplo; podemos y debemos actuar cuando conocemos o estamos cerca de casos de violencia física o sexual. Por supuesto estoy haciendo propuestas partiendo del supuesto de que ustedes hombres aquí presentes, serían incapaces de cometer este tipo de violencia física o sexual… espero no estar equivocada. Se puede conformar redes de protección y grupos de hombres contra la violencia en eventos masivos… ahora que viene el día de los inocentes y las comparsas, la Universidad de Cuenca puede dar el ejemplo si coloca el tema de “frenar el abuso sexual y el acoso en la calle” durante este evento… las denuncias han crecido en los últimos años… es momento de actuar, ustedes pueden hacerlo. En este mismo ámbito les invito a ser promotores entre sus pares para evitar la violencia sexual. Cuando una mujer dice no, es no.
  • Conformar círculos de reflexión y de sanación entre hombres; y por favor, no nos exijan a las mujeres que seamos quienes les inviten; es un mínimo de consideración que esperamos de ustedes.
  • La siguiente propuesta que les haría, es una invitación a que sean ustedes también, los hombres los que se responsabilicen de su capacidad reproductiva. Si por ejemplo, un hombre tiene relaciones sexuales con quince mujeres en un año;  las quince mujeres podrían quedar embarazadas; en cambio si una mujer tiene relaciones con quince hombres en el año; primero que sería juzgada tremendamente y segundo, que solo podría quedarse embarazada una vez en ese año. Conclusión: Quince nuevos hijos en un mundo superpoblado a causa de que este hombre no se cuidó.
  • Por último, les invito a participar sin miedo en todas las acciones emblemáticas por los derechos de las mujeres; y les pido no alejarse o resentirse si alguna compañera les critica, les pide tomar distancia o les exige más; todas las estadísticas que compartí al inicio tienen como consecuencia que las mujeres, no confiemos en los hombres, para nosotras, la palabra de hombre no es tal; porque el compañero, esa pareja que nos prometió amar y respetar el resto de la vida, cada día nos está matando, literal y figurativamente; entonces les pido que entiendan la desconfianza; y justamente por eso, les invito a que se integren sistemáticamente y sin cansarse, para fortalecer las acciones del movimiento feminista, como hombres aliados a ese movimiento enorme y diverso que continúa creando para construir diariamente esa sociedad libre de violencia que todas y todos queremos.

Por supuesto que habrán muchas más ideas; desde nuestra perspectiva estas que he planteado son como un punto de partida.

Finalmente quisiera comentar que para nosotras el tema de las etiquetas es lo de menos cuando estamos en un punto de la evolución en donde lo que está en juego no es si me invitan o no a una reunión, de si soy más o menos feminista, de si me ves con mala cara cuando llego, de si ya me han cambiado estas mujeres o de si soy exagerado porque digo todos y todas; es la especie humana la que ha llegado a un punto en el cual o cambia su manera de relacionarse (y aquí hablo de hombres y de mujeres) para buscar un nuevo contrato social en donde se practica la confianza, el afecto, el respeto a la diversidad, la solidaridad, el cuidado; y lógicamente cambia su relación con la naturaleza, bajo las mismas claves, porque somos parte de ella; o definitivamente, no tendremos muchos años más de vida en el planeta porque el proceso evolutivo seguramente sabrá qué hacer frente a nuestra estupidez.


[1] GMMP, Banco Mundial, PNUD, WomenCEO, ONU, INEC, GK City, CEDHU, BBC, Castro (UCuenca), Deloitte, IAHF, OIT, Deer, OMS, FAO.

Libro Cómo aprendimos a volar

En la historia de la humanidad y de los pueblos existen muchas historias no escritas ni registradas; muchos testimonios que permitirían entender los procesos y los entramados sociales. Generalmente la vida de las mujeres forma parte de esas historias, en las cuales se encuentran las claves para analizar los cambios sociales y los grandes saltos que ha dado la humanidad. Recordar una historia de violencia no es fácil, los duelos y heridas están todavía grabados en nuestro cuerpo, recordar es volver a vivir; sin embargo, hemos querido recordar para entender esos elementos, personas o momentos que nos ayudaron a salir de la violencia o por lo menos para abrir un camino hacia nuestra liberación y con ello, apoyar a que otras mujeres lo hagan. La violencia es un mecanismo de poder de los hombres sobre las mujeres y mientras persista en nuestras comunidades, será una barrera para el ejercicio pleno de nuestros derechos individuales y colectivos pues no se puede hablar de dualidad o complementariedad cuando existe violencia y abuso contra las mujeres.

Dejamos aquí nuestras historias, nuestros testimonios de vida, nombrándonos como aves que buscan de manera permanente levantar el vuelo. Esperamos que esta recopilación sea un aporte para otras mujeres, porque necesitamos testimonios para saber que no estamos solas y que no somos las únicas que hemos vivido situaciones duras. De igual forma, esperamos que nuestros testimonios sirvan de apoyo e inspiración para todas las mujeres, para juntas, caminar hacia esa vida libre de violencia, y volar.

Esta publicación, de distribución gratuita, fue auspiciada por la Fundación Rosa Luxemburg con fondos del Ministerio Alemán para la Cooperación Económica y el Desarrollo (BMZ). Octubre 2017

Publicación para descargar

Libro Políticas Públicas de Comunicación y Género en América Latina

“Es necesario que el compromiso con la igualdad de género lo asuman todos los sectores involucrados en los procesos comunicacionales, en el convencimiento de que una sociedad igualitaria es más bene ciosa en muchos sentidos (económicos, de salud, sociales, políticos y empresariales) pero fundamentalmente es una deuda de nuestras democracias del Siglo XXI” Sandra Chaher, Compiladora, Editora. Comunicación para la Igualdad (Argentina)

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202.153

Sandra López A.

Hace aproximadamente 200.000 años se extinguió una de las especies que más recuerda el planeta tierra: la especie humana conocida también como homo sapiens sapiens (¿doblemente sabia?); 65 millones de años antes había desaparecido otra especie mucho más grande, los dinosaurios, sin embargo, a pesar de esto la especie humana se pensó eterna. Mil quinientos millones de años antes de su surgimiento en el planeta, los primeros organismos multicelulares (grypania spiralis) habían sido la continuación intempestiva de un proceso evolutivo que inició hace más de 13 mil millones de años cuando el universo comenzó su expansión a partir del evento conocido como Big Bang.

El paso de la especie humana en el planeta fue, digamos, felizmente fugaz. De hecho, cuando se habla de una historia de más de 4 mil millones de años desde que se formó la tierra, una especie que no subsistió más allá de 400.000 años, representa una proporción de 1 en 10 mil, lo cual es realmente ínfimo.

Hoy, la especie humana es recordada como aquella que, habiendo sido llamada “homo sapiens sapiens” terminó su paso por la tierra como “homo devastant domum”.
Pero conozcamos cómo logró la especie humana culminar su propósito, no expresado directamente, de autodestrucción:

– Consumió muchos más bienes de los que necesitaba para cubrir sus necesidades humanas esenciales.

– Utilizó su inteligencia y capacidad creativa para desarrollar las más sofisticadas armas de guerra y destrucción, así como todo tipo de tecnología que lejos de aportar al cuidado de su entorno y de su casa, el planeta tierra, solo sirvió para destrozarlo.

– No valoró la diversidad de la vida en todas sus formas, un claro ejemplo fue la violencia y matanza de las mujeres (hembra de la especie cuyo aporte biológico para la reproducción era fundamental), a manos de sus parejas, mayoritariamente hombres (macho de la especie).

– No cuidó el agua dulce, líquido vital para su existencia biológica; habiendo conocido con exactitud la importancia de este líquido y la cantidad limitada de su existencia en el planeta, no dudó en contaminarla hasta que finalmente desapareció. Los ríos y mares se convirtieron en vertederos de basura tóxica y de contaminantes industriales.

– Se reprodujo mucho más allá de la capacidad de las áreas fértiles del planeta para garantizar alimentación, agua, aire y convivencia pacífica, generando una superpoblación no sostenible en las condiciones de la tierra.

– Sus colonias, llamadas ciudades habían crecido en los últimos años en un ritmo tan acelerado que era imposible la garantía de una vida digna para sus especímenes.

– No cuidó el aire, cuyo componente esencial, el oxígeno era vital para su respiración, es decir para mantener la vida. Mató todas las formas de vida capaces de limpiar el aire y de generar oxígeno: árboles, plantas, flores, bosques tropicales, bosques húmedos, manglares. Hacia los últimos años de su existencia en el planeta, toda la vegetación endógena de las zonas tropicales y húmedas había desaparecido.

– Descuidó el tratamiento de los deshechos tanto biológicos como materiales que generaba, provocando con ello la contaminación del agua, la activación de las grandes fallas geológicas de la tierra y la generación de una cantidad de basura que equivaldría a lo que hoy es el continente perdido del norte.

– Extrajo los metales y minerales del subsuelo, sin considerar el equilibrio y la composición química del planeta, hasta reducir al máximo el campo electromagnético que garantizaban estos metales mientras se mantenían en el interior de la tierra.

– La especie humana se organizó en grupos/colectivos y dividió con líneas imaginarias el planeta, de manera que los diversos especímenes no podían movilizarse libremente, pues cruzar la línea imaginaria se volvió pretexto para la discriminación y la violencia.

– Creó en sus pocos años de vida en la tierra un sistema de intercambio basado en la cantidad de dinero y de oro que tenía una persona; así, mientras más dinero, mayor poder y mayor acceso a beneficios y oportunidades. Aunque difícil de creer, el dinero llegó a significar más que el alimento.

– Debido a su gran ego y a su desconexión con las otras especies y formas de vida del planeta, sobrevaloró el sistema económico en especial el dinero y se despreocupó por completo de la alimentación, la protección, el afecto, el descanso, como necesidades esenciales mínimas que posibilitarían su subsistencia en el futuro.

– Generó subdivisiones al interior de la especie, basadas principalmente en la cantidad de dinero o de metales preciosos que tenía un grupo y otro. Así, mientras un grupo mayoritario (más del 90%) sobrevivía en condiciones de riesgo permanente (hambre, enfermedades, abandono, violencia) el restante 10% vivía con lujos extremos y manejaba el poder solamente para sus intereses.

– Investigó y observó el universo solamente para satisfacción de su ego y ambición, mas no para aportar en el proceso global de evolución y expansión del cosmos.

– Olvidó el acto creativo del planeta que posibilitó su surgimiento y dejó morir la creatividad de las últimas generaciones a cambio del manejo de la poca tecnología que los grandes poderes pusieron al alcance de las masas (el término masas servía para describir a grupos de ejemplares de la especie cuyo comportamiento era similar)

– Olvidó que el universo está en expansión y que cada planeta en este proceso tiene ciclos, con todo su accionar aceleró de manera drástica, muchos cambios que imposibilitaron recuperar el equilibrio en el ciclo de vida de la tierra durante muchos años.

– Olvidó que no era la única especie en el planeta, que el planeta no es el único en el universo, y que el universo no es el único en el cosmos. Ensimismada, no fue consciente de su desaparición.

– Olvidó que todo está conectado, olvidó su relación con los otros seres y las formas de vida en el planeta, olvidó su origen y compromiso con la vida, olvidó que estamos hechos del mismo material de las estrellas y no cuidó su esencia, su aliento, su cerebro, su agua, su energía, su luz.

La gran pregunta que continuamos haciéndonos hasta hoy es ¿por qué?, ¿qué hizo cada ser de esta especie para aportar en su extinción?, ¿qué dejó de hacer para evitar su desaparición?. Aquí estamos hoy, el planeta continua su evolución en medio del cosmos, ¿qué pasó con esas hijas e hijos de las estrellas?

Sandra López (Calmecatl – CEN Garupamba – GAMMA)
Garupamba, Septiembre, 2017