FINALMENTE EN EL TAPETE
Por: Sandra López – GAMMA
Martes, 4 de abril 2006
Luna en cuarto creciente
Después de muchos meses de negociación discreta a cuenta de algún tipo de voto de silencio, finalmente el TLC está en los medios de comunicación.
La exigencia de todas las personas es tener información, cómo se puede emitir un criterio si no se cuenta con todos los elementos de juicio. Grupos a favor, grupos en contra, grupos desinformados, grupos desinteresados, grupos optimistas, grupos pesimistas. En los medios de comunicación se escucha ahora entrevistas, foros, debates, encuestas, todo sobre el TLC. Sin embargo, la avalancha de información a estas alturas aparentemente no detendrá el camino recorrido; a decir de las personas cercanas al proceso, el famoso Tratado estaría a punto de firmarse. Cabe preguntarnos entonces, ¿de qué sirve la información en este momento?, la comunicación en el caso del TLC no habría cumplido su rol fundamental de creación de comunidad, de opinión y de toma de posición. El tema está en la agenda pública, los medios no dejan de hablar del TLC, ¿para qué?, no para generar debate, ya no es tiempo, se busca más bien que la gente conozca lo que viene y concluya “no podemos quedarnos fuera”.
Una vez en este punto no tenemos tiempo para conocer las reales implicaciones del TLC en corto, mediano y largo plazo, lo que sí podemos es sacar nuestras propias conclusiones con las evidencias que hemos presenciado a través de los medios.
Como todo en la vida, el TLC tiene dos caras, para algunas personas una es positiva y otra negativa; sin embargo, estas caras pueden ser una de ganancia y otra de pérdida. Quienes defienden el TLC hablan de aspectos positivos y negativos, explican que como todo proceso, hay que realizar algunos sacrificios a cambio de grandes beneficios (¿ganancias?); quienes lo rechazan en cambio, no encuentran una cara positiva del TLC, lo que encuentran es más bien un creciente abismo entre la situación económica actual (pobreza) y la que vendrá con el TLC (indigencia), es decir, el TLC para este grupo representa la riqueza extrema reducida a un grupo cada vez más pequeño y la pobreza ampliada a la gran mayoría de la población.
Si nos detenemos un momento para analizar los argumentos de un grupo y de otro, no es difícil saber quiénes serán los beneficiados. Alguien decía por allí que para saber si una propuesta es buena o mala debemos “seguir la ruta del dinero”. ¿Quién nos propone (impone) el TLC?, ¿quiénes están a favor del TLC?, ¿son aquellos grupos empobrecidos cuyos ingresos se verían seriamente afectados cuando comience el libre comercio?, o por el contrario, ¿son aquellos representantes de empresas y negocios “florecientes” que verían incrementadas sus ganancias y que muy contentos con la flexibilización laboral cada vez se desentenderían más de sus obligaciones laborales… humanas y tributarias?
Cuando finalmente el tema del TLC está en el tapete, nos toca tomar partido, el plazo se está terminando.
TV ZAPPING TLC
TV ZAPPING TLC
Por: Sergio Vergne (GAMMA)
Martes 28 de marzo, 2006
Luna nueva
La estrategia de los sectores que se beneficiarían del TLC con EEUU se ha desplegado con mucha claridad en los medios durante la última semana, especialmente en la televisión. Es que la inminencia de la firma del Tratado de Libre Comercio ha desnudado los conflictos de intereses económicos y políticos de los diversos grupos y clases sociales del Ecuador
El bloque en el poder no logra mantener la cohesión social y por ello recurre a las instancias ideológicas más potentes de las sociedades modernas, los medios de comunicación. El poder político y económico ha sido la principal fuente de “información” de los medios durante los meses de negociación del TLC. Los sectores que se perjudicarían con este tratado (arroceros, pequeños empresarios, campesinos, indígenas, estudiantes), sólo han sido fuente de noticias durante las últimas semanas a raíz de sus medidas de protesta que “paralizaron” al país. Haciendo un zapping por TV durante este período hemos visto cómo a las principales fuentes de información señaladas se han sumado los propios medios con su voz: informativos, programas de “investigación periodística”, de opinión y hasta un “debate público” se ha presentado en el espacio “privado” de la televisión.
Según este zapping televisivo ¿cómo presentan el gobierno, empresarios, periodistas y analistas económicos de la televisoras a los distintos actores en el escenario mediático? En primer lugar, la movilización indígena y estudiantil es ideológica y exagerada, motivada por intereses que no serían auténticos y legítimos; en cambio el sector negociador y empresarial es moderado y movido sólo por intereses económicos que beneficiarían a todo el Ecuador. En segundo lugar, se presenta al movimiento indígena y al estudiantil como ignorantes, y a la población como simples ovejas que siguen a sus pastores-dirigentes sin saber muy bien porqué se movilizan; el sector interesado en el TLC en cambio, es presentado como el grupo de técnicos conocedores y especialistas y por lo tanto únicos autorizados a opinar y decidir por sobre todo el Ecuador. En tercer lugar, los indígenas y estudiantes, mediante sus medidas de protestas, están causando millonarias perdidas “a todo el Ecuador”; en cambio las millonarias pérdidas que traería la firma del tratado para estos sectores y para el Ecuador no son contabilizadas ni informadas.
La televisión apela fundamentalmente a las emociones y por esta razón los argumentos simplistas y el uso de los estereotipos son tan efectivos, no es un instrumento muy apto para el análisis y el debate, pues su principal función es la de entretener (Fuenzalida, 1999). Por ello, la estrategia usada desde el gobierno para convencer a la ciudadanía de la firma del TLC, es la clásica diferenciación estereotipada de “civilización o barbarie”; dejando de lado su responsabilidad de informar, de promover el debate y finalmente de ponerlo a consideración ciudadana mediante un instrumento democrático.
QUEREMOS ESTABILIDAD
QUEREMOS ESTABILIDAD
Por: Nidya Pesántez C. (GAMMA)
Martes, 21 de marzo, 2006
Luna menguante
En estos tiempos de palpitación social, de movimiento y de movilizaciones, hemos escuchado las voces del poder político y económico clamando por paz para evitar las pérdidas económicas de las que son víctimas. También hemos escuchado sus ecos a través de diversos medios masivos de comunicación que plantean volver a la calma para darle estabilidad al país y a su proceso de gobernabilidad. Y por supuesto, hemos escuchado las voces del pueblo contrapuestas exigiendo calma y objetividad por un lado y dignidad y soberanía por otro.
Esta no es la primera vez que asistimos a un momento como éste en el país, y tampoco es la primera vez que encaramos las posturas contrapuestas, y por supuesto, no será la última. Sin embargo, cada vez que la población se pronuncia masivamente pedimos tranquilidad, pedimos silencio, pedimos que las expresiones de descontento o de confrontación regresen a su casa y a sus puestos de trabajo para que no se altere el orden, para que las piezas no se dispersen. No nos interesa demasiado si la figura del rompecabezas de nuestra sociedad es o no coherente, es o no luminosa, es o no agradable, es o no equitativa, es o no solidaria; nos interesa que las piezas se mantengan tal y como están porque queremos estabilidad, porque tenemos miedo a perderla.
¿Qué tipo de estabilidad es la que andamos buscando? Por lo dicho podríamos decir que buscamos la quietud, la calma, “la paz que solo se encuentra en los cementerios” como diría Cohelo. Pero la permanencia no recrea la vida, la falta de movimiento contradice su esencia, todo en el universo es dinámico y como nos han planteado los últimos descubrimientos físicos, su dinamia no es mecánica como Newton pensó. El caos es la fuente y el escenario en el que todo se mueve, en el que todo fluye. Nos preguntamos ¿son ilusas estas voces que exigen la vigencia de lo que la vida no ha puesto a nuestro servicio? Y decimos esto porque no podemos negar que una de las características de nuestra vida es la incertidumbre, y es en esta incertidumbre en donde debemos plasmar el arte de la existencia. El ser humano, según dice Assmann encuentra en la incertidumbre “una de las cualidades más fascinantes del placer”.
No queremos cambiar, queremos la inmovilización que se nos vende como estabilidad; tenemos miedo a la transformación, nos negamos a la creación y escuchamos las voces del opresor como una balsa de salvación, salvación que se traduce en el sostenimiento del actual estado de cosas que confundimos con estabilidad: “mal con el TLC, peor sin él” dicen algunas de estas voces que temen que no bajar la cabeza ante el imperio nos conmocione y nos “desestabilice”. Qué miedo le tenemos al movimiento fuente de nuestra existencia, qué miedo le tenemos a la incertidumbre. Preferimos la esclavitud en este estancamiento a la libertad que será posible en el careo diario con el porvenir.
LIBERTAD DE EXPRESION
LIBERTAD DE EXPRESION
Por: Sergio Alejandro Vergne (GAMMA)
Martes, 13 de marzo, 2006
Luna llena
El derecho a la libertad de expresión hace parte de los derechos humanos proclamados durante la Revolución Francesa, que consolida para algunos el establecimiento del nuevo orden moderno.
Su formulación fue inspirada en las doctrinas del liberalismo económico y político de filósofos como Montesquieu y Locke frente a las Monarquías Absolutas de Europa, en especial la de Francia. Considera a la sociedad como surgida de un contrato social entre personas con el objeto de garantizar sus derechos individuales e inalienables como, precisamente, el de expresión. Su enumeración era razonable ya que las monarquías absolutas europeas ejercían un gran control sobre las ideas políticas y religiosas de la época. La Bastilla en París era la cárcel para miles de hombres y mujeres cuyo “delito” fue haber expresado públicamente sus ideas científicas, políticas, morales o filosóficas. Es significativo el hecho de que la Revolución se iniciara precisamente con la toma de la Bastilla.
La libertad de expresión incorporada a las constituciones como la nuestra, es un derecho de todas y de todos. Pero con el surgimiento y crecimiento de los medios de comunicación masivos como empresas capitalistas (en el sentido de que su finalidad es el lucro), las grandes empresas dueñas de los medios han resignificado este derecho, haciendo equivaler libertad de expresión con libertad de empresa. Como la libertad de empresa en el mundo capitalista concibe a un Estado que no interviene en el mercado, el derecho a la expresión ha quedado limitado a las posibilidades que se tiene de entrar en un mercado mediático que cada vez es más oligopólico y dependiente de multinacionales y que amenaza incluso la existencia de los medios locales, más cercanos a la ciudadanía.
Así, bajo el capitalismo globalizante van quedando seriamente limitadas la libertad de expresión de las y los ciudadanos y de las y los trabajadores de los medios, a las decisiones de las grandes empresas. En los medios hoy se expresan quienes tienen mayores cuotas de poder económico y político. Y han quedado silenciadas o tergiversadas las voces de los pueblos y grupos que no tienen poder social: trabajadores y trabajadoras, etnias, mujeres, niñas y niños…
Por esta razón van surgiendo en el mundo diversas opciones para el ejercicio del derecho a la expresión, entre éstas los Observatorios de Medios. En Cuenca contamos con un Observatorio Ciudadano de la Comunicación que en el marco del II Salón de la Comunicación realizará un foro abierto a la ciudadanía denominado “Una Ciudad Sin Comunicación Sexista” hoy a las 18 hs en el auditorio de la Corte Superior de Justicia, con el objeto de promover mensajes no sexistas ni discriminatorios y una mejor presencia de las mujeres y otros grupos que son invisibilizados, discriminados o violentados bajo numerosas formas en los medios. Una excelente oportunidad para ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión.
¿Cómo saber si una publicidad es sexista?
¿Cómo saber si una publicidad es sexista?
Aquí algunas referencias, la publicidad será sexista si presenta:
A las mujeres – como objetos de decoración – como objetos sexuales. – como chismosas o rivales. – únicamente haciendo cosas como: lavar, planchar, cocinar, limpiar, cuidar de todas las personas que viven en la casa. – como seres dependientes económica y afectivamente
A los hombres – como objetos sexuales – únicamente como: ejecutivo, deportista, conductor, constructor, profesional. – siempre fuera de la casa. – sin relación con sus hijas y sus hijos. – en casa sólo descansando o pasivo, servido por la esposa
También es sexista:
Cuando se presenta al cuerpo humano de la mujer y del hombre como mero objeto erótico o sexual para promocionar productos que nada tienen que ver con la imagen mostrada.
Cuando la mención a las mujeres no está explicitada y quedan ocultas bajo el falso genérico masculino
Cuando existen anuncios dirigidos solo en femenino a las mujeres, aunque el producto o servicio pueda ser consumido tanto por hombres como por mujeres.
Una publicidad no sexista aporta en la construcción de una sociedad con igualdad de condiciones para mujeres y para hombres, una sociedad de respeto hacia todas las personas. Si alcanzamos esta igualdad, estaremos aportando al desarrollo de nuestro pueblo.
¿Qué es sexismo?
En sentido estricto, el sexismo aparece en toda situación que privilegia a un sexo sobre el otro.
En la actualidad se mantiene la tendencia histórica de valorar más lo considerado masculino por sobre lo femenino. Esta valoración responde a la situación tradicional de subordinación de las mujeres frente a los varones.
Encontramos lenguaje o comunicación sexista en todas aquellas expresiones o imágenes que invisibilizan a las mujeres, las subordinan, las humillan y las estereotipan.
Estereotipos de género
Los estereotipos de género reflejan las creencias populares sobre las actividades, los roles, los rasgos y los atributos que distinguen a los hombres de las mujeres.
Son construcciones sociales e históricas (cambian según las culturas y las épocas), generalmente transmitidas por medio de la socialización en la familia, la escuela, la iglesia y los medios de comunicación.
Las diferencias de género son percibidas como naturales, normales e inmutables debido a los estereotipos.
Existen diversos estereotipos de mujer:
Madre-ama de casa: Se dice que lo propio de la mujer es ser madre, esposa, abnegada, emotiva, romántica, dependiente, insegura, ejemplo de sacrificio, ternura, complaciente y comprensiva con su pareja, hijos e hijas.
Objeto-objeto sexual: cosificada, igual que un producto, su cuerpo más importante que su ser, no piensa, no tiene metas, está a la venta, erótica, joven, bella y al servicio del hombre.
También existen diversos estereotipos de hombre:
Hombre-mantenedor: trabajador, eficiente, inteligente, calculador, frío, independiente, seguro.
Hombre-macho: libre, poderoso, competitivo, instintivo, fuerte, guapo, alegre, rodeado de mujeres.
Por estos estereotipos se asume como algo “no femenino” que una mujer sea independiente, inteligente, que le guste el deporte o que no le guste el trabajo doméstico.
Se asume también como “no masculino” que un hombre pueda ser afectuoso, tierno, comprensivo, que pueda realizar tareas domésticas o que no sea agresivo.
Papel de los medios masivos y las publicidades en los comportamientos sociales
Los medios de difusión masivos, con sus mensajes, generalmente reproducen los estereotipos de género y las relaciones de inequidad o subordinación que la sociedad ha construido a través de los siglos, haciéndolos aparecer como normales, naturales e inmutables.
En publicidad particularmente se trabaja con estereotipos que presentan a la mujer en situación de subordinación y como propiedad del hombre. Por ello decimos que una publicidad puede ser sexista, discriminatoria y promotora de violencia; porque si se presenta como natural que la mujer esté al servicio o sea un objeto para el hombre, entonces se justifica cualquier tipo de uso o abuso hacia ella.
Los medios tienen un papel ideológico muy importante en la sociedad ya que mediante sus mensajes naturalizan las relaciones sociales de inequidad, haciéndolas ver como ahistóricas y atribuibles a características naturales de quienes ejercen el poder. Por ejemplo: el poder económico es presentado como ejercido por personas que son más capaces e inteligentes o que saben adaptarse al medio definido por las “oportunidades del mercado”; las relaciones de poder de naciones europeas sobre africanas, asiáticas, indígenas u otras etnias, fueron atribuidas a supuestas características biológicas e intelectuales de superioridad que tendría la “raza blanca” sobre las otras; el poder ejercido en las relaciones de género son naturalizadas diciendo que el varón tiene las cualidades para el ejercicio del mando, es más fuerte físicamente, más inteligente o más estable psicológicamente que la mujer; esta última a su vez, es presentada como una auxiliar subordinada del hombre, necesaria para las funciones reproductivas de la especie.
Con estos discursos que circulan por los medios se justifican relaciones de subordinación que en realidad fueron construidas histórica y socialmente (muchas veces mediante el uso de la fuerza y la violencia) y por lo tanto pueden y son susceptibles de cambios.
NOS ENGAÑAMOS
Por: Nidya Pesántez C. (GAMMA)
Luna creciente
Martes, 7 de marzo, 2006
¿Cómo celebraremos este 8 de marzo? ¿Será que nuevamente las mujeres tendremos que lidiar con las flores y los chocolates gritando entre la multitud que no es una segunda versión del día de la madre o del día del amor y de la amistad?
El sistema en que vivimos lo hizo otra vez; otra vez absorbió una fecha consagrada a la celebración de la dignidad para convertirla en un día de consumo y de superficial conmemoración. Otra vez el sistema escondió entre bambalinas la razón de ser de una fiesta que solemniza la lucha por la igualdad de condiciones y oportunidades que las mujeres exigimos para erradicar la subordinación, la exclusión y la discriminación que enfrentamos día a día.
El sistema ha conseguido que el Día Internacional de la Mujer se celebre entre pequeños regalos que resaltan todos aquellos elementos que profundizan las brechas y las inequidades entre mujeres y hombres, por ello es común escuchar el 8 de marzo “loas” a la mujer pilar de la sociedad, a la mujer dadora de amor y de ternura, a la mujer sentimiento y corazón de la familia, a la mujer belleza, a la mujer sacrificio, a la mujer moral, a la mujer servicio a toda prueba. Lesionando con ello una lucha que ha logrado mover el piso sobre el que se asienta el sistema que nos oprime: la discriminación de género.
Pero este sistema a través de todos sus aparatos ideológicos nos ha tendido otra trampa: pensar que las mujeres y los hombres ya tenemos igualdad de oportunidades y de condiciones en nuestra sociedad. Por ejemplo, es común escuchar que esta supuesta igualdad se marca en el hecho de que las mujeres “ya” trabajan, o que las mujeres ya estudian, o que las mujeres ya pueden participar en la política. Pero las mujeres siempre hemos trabajado aún cuando no hemos percibido sueldo por ello, y actualmente tenemos menor acceso al trabajo y menor remuneración que los hombres aunque realicemos la misma labor; y las mujeres estudiamos pero aún hay carreras que no son consideradas apropiadas para nuestro género y existen serias restricciones para nuestra formación pues no hay una corresponsabilidad social en el cuidado de la familia; y las mujeres participamos en la política pero aún nos toca pelear dentro de los partidos o movimientos para que no se nos considere un relleno en las listas. Y aunque la enumeración podría continuar, solo nos detendremos en un último punto: el acoso, el abuso y la violencia que las mujeres enfrentan diariamente como castigo social por haberse atrevido a “irrumpir” en el espacio público o, dentro de casa, como forma de mantener la subordinación. En estas condiciones ¿de qué igualdad estamos hablando?.
En este 8 de Marzo no queremos bombones, ni flores, ni loas; queremos caminar por las calles sin miedo a la agresión, queremos trabajar y recibir un salario digno, queremos que los gobiernos asuman su responsabilidad en el cuidado social, queremos llegar a casa sin temor a la represalia, queremos vivir en paz.
ALTERNATIVAMENTE GLOBALIZADO
ALTERNATIVAMENTE GLOBALIZADO
Por: Nidya Pesántez C.
Hablar de comunicación alternativa, en un mundo en el que se considera que la única alternativa de pensamiento, producción, reflexión y vivencia es insertarse de la mejor manera posible en el sistema dominante, parece ser una necedad. Sin embargo, necedad sería, aceptar la realidad tal y como está sin dar batalla (a menos que pensemos que estamos en lo correcto).
En un planeta en donde se ha globalizado la pobreza, la falta de tolerancia, el individualismo, y el desamor, todas las herramientas de relacionamiento humano se han puesto a disposición del fortalecimiento de lo establecido. Una de estas herramientas es la comunicación social; de hecho, dentro de la carrera de dominio de mercados, la comunicación es herramienta y objetivo en sí mismo pues no sólo se trata de aportar al sistema utilizando la comunicación; también es necesario: controlar los sistemas de comunicación, crear sistemas alternos dependientes y dominar el espacio comunicacional. Como es evidente, estos objetivos se han cumplido y se han consolidado, especialmente, con la fusión de las grandes empresas de comunicación. Cuando planteamos así las cosas, parece más necio todavía querer hablar de lo alternativo; sin embargo, el reto es hacer posible lo imposible, y para esto podemos empezar por retomar el positivo significado de la comunicación y sus elementos.
Como en muchas otras áreas, la conceptualización de ciertas categorías se va limitando y especializando al punto en que somos capaces de reflexionar sobre ellas, sólo dentro de los límites marcados por el conocimiento generado desde el poder; por ejemplo, podemos evidenciar que: “en la sociedad contemporánea el debate en torno a la comunicación social ha limitado esta categoría del conocimiento a un elemento: el canal masivo, es decir, los medios masivos de comunicación social. No sin razón las sociedades actuales están siendo englobadas bajo la definición de “sociedad masstediática” . Sin embargo, la comunicación no es el canal únicamente, es la confluencia de, básicamente, cuatro elementos: la persona que hace de emisor, la persona que hace de receptor, el mensaje y el canal. Y, por supuesto, si hablamos de comunicación en su sentido más amplio, el emisor deja de serlo para ser receptor, en un juego de respuesta inmediata comparable con el ping-pong, o en un lapso correspondiente al tiempo que requiera el canal para trasladar el mensaje en doble vía.
En este sentido, retomando la noción en que la comunicación trasciende los canales, cuando hablamos de comunicación alternativa debemos plantearnos la alternatividad en torno al sentido global, ciertamente, pero también con respecto a cada una de sus partes constitutivas, esto es: alternativa a qué, alternativa para qué, alternativa qué, alternativa desde dónde y cómo puede ser alternativa.
Lo alternativo en la comunicación
Empecemos trabajando sobre la globalidad de la comunicación, pues desde este punto de partida nos enrumbaremos también hacia sus partes.
Cuando hablamos de lo alternativo graficamos en la mente, lo opuesto, lo diferente, la otra vía; sin embargo, suele resultar en la práctica, que tomamos un camino paralelo, en nombre de lo alternativo, pero con la misma dirección. Este fenómeno, generalmente, es el resultado de una actuación apresurada que no ha establecido el objetivo de su creación; así, lo alternativo se reduce a no hacer ciertas cosas que hacen los grandes medios adueñados de la comunicación social; pero esto no resuelve su existencia ni su poder, tampoco consigue la incorporación social necesaria para hacer contrapeso a lo establecido.
En términos generales, si el poder ha fijado su atención –respecto a la comunicación- en los medios, la sociedad en su búsqueda alternativa lo ha hecho en el mensaje. Entonces, los diversos sectores sociales organizados, en su búsqueda del cambio, le apuestan a la comunicación alternativa generando un mensaje diferente (de esperanza o de denuncia pocas veces de propuesta); pero, qué pasa con los canales de comunicación, qué con la relación emisor – receptor, qué con los objetivos de una intervención comunicacional. Quedan en el proceso grandes vacíos que arrojan resultados pobres.
Desde este planteamiento, proponemos que la comunicación puede o no ser alternativa dependiendo de los objetivos que se han planteado para su utilización, mismos que deberán formar parte de una estrategia de intervención que a su vez, deberá ser el resultado de un plan global para conquistar equis información. Si nuestro actuar alternativo, se limita a serlo solo en los medios, o en la relación emisor-receptor, o en el mensaje, estaremos desperdiciando una valiosa oportunidad, pues estos elementos constitutivos pueden también responder a los intereses de quienes están en el poder. Lo alternativo por sí mismo no es sinónimo de oposición a lo establecido, no es sinónimo de transformación.
Puede sonar evidente, sin embargo, lo evidente no significa superado o sencillo. De hecho, muy pocas prácticas comunicacionales nacidas desde los sectores sociales que buscan revertir el actual estado de cosas, suelen estar insertas en un plan mayor del que son una herramienta.
Comunicación alternativa en el mundo globalizado va más allá de utilizar alternativamente (mensajes diferentes) la tecnología del primer mundo, va más allá de la inserción en su mundo para desde él destruirlo. La comunicación alternativa (en el sentido de oposición y transformación) se gesta en la genialidad producto de la necesidad de poner un punto final a un sistema que arremete contra la humanidad y el planeta. Si nuestro trabajo constantemente se acomoda a lo que nos ofrece este sistema, evidentemente nuestra genialidad para resistir y cambiar seguirá dormida y nuestros sistemas de comunicación seguirán siendo dependientes.
Con lo anotado podemos establecer, que el punto de partida de esta reflexión retoma a la comunicación alternativa como una herramienta de un plan de transformación social que debe ser considerado en su total complejidad, esto es, sin limitarla a los canales y a la tecnología como se pretende en el debate actual.
Ubicar la brújula
Muchas de las prácticas alternativas en el campo de la comunicación se encuentran limitadas en sus resultados frente a la influencia de los medios masivos. Quienes trabajamos en esta área, debemos reconocer que la fortaleza de los mass media intimida las propuestas alternativas, la causa suele encontrarse en el aval social que estos tienen y en la falta de identificación del verdadero enemigo.
Veamos esto del aval social y aquello del verdadero enemigo.
La estrategia comunicacional de los grandes medios se basa en la correspondencia con las prácticas sociales vigentes; de esta manera, las personas que receptan la información, la opinión y las “verdades” emitidas a través de los medios masivos, se sienten menos vulnerables porque no alteran la aparente estabilidad. De hecho, aunque parezca contradictorio, mientras más crítica es la situación, más se evidencia esta relación cómplice entre los medios masivos y la población: el temor al caos, a derribar lo construido, es más fuerte que la ilusión de un futuro mejor, es más fuerte que la esperanza en el ser humano y su capacidad de amar. En cambio, la estrategia alternativa suele plantear aspectos que van en contra de las prácticas sociales, pues efectivamente, muchas de ellas responden a la perpetuación del sistema actual; esto asusta porque atenta contra la engañosa tranquilidad social.
En cuanto al verdadero enemigo, debemos decir que muchas veces nos perdemos en la lucha contra los mass media, y los definimos como los grandes culpables de la situación; perdemos energía sin asumir que detrás de los medios está el poder económico y la estrategia de perpetuación de lo establecido. Si bien, los mass media por sí mismos no son negativos sino en cuanto el uso que se les dé, si son un peligro constante por esta condición.
En estos dos aspectos se basa la imposibilidad de generar comunicación alternativa desde el mensaje o desde el medio exclusivamente. Por una parte, como ya habíamos expuesto someramente, es prudente partir con la ubicación de una brújula para saber cómo y hacia dónde usamos la herramienta comunicacional. Ubicar esta brújula requiere de una planificación que no se limite al sueño de contar con un medio masivo (radio, periódico, televisión) como elemento indispensable para hablar de comunicación alternativa eficiente, a través del cual emitiremos mensajes diferentes (alternativos). Contar con un medio efectivamente ayudará mucho, pero si no es parte de un plan bien concebido, estará expuesto a dejar de cumplir con su objetivo una vez que las personas que están detrás de su funcionamiento desaparezcan.
Así, contar con el medio y el mensaje correcto no es suficiente, debemos saber quiénes son y en qué condiciones están las personas que conforman el sector con el que queremos establecer contacto. Porque comunicar no es emitir, es conectarse, es relacionarse, es tener la capacidad de sentir al otro ser, parafraseando a Leonardo Boff: “sentir que el otro es la extensión de nuestro propio pellejo”
Trabajar lo alternativo
Con base en lo dicho nos atrevemos a proponer algunos elementos que pueden aportar a un combate alternativo desde la comunicación.
Empecemos por establecer un plan estratégico de intervención global: no tiene sentido que la comunicación se convierta en su propia herramienta, debe responder, como ya lo hemos dicho a un plan más amplio. Este plan deberá establecer cuáles son los cambios o transformaciones que se buscan y cuál el papel que cumplirá la comunicación en ese espacio.
Una vez definido el rol de la comunicación, se plantea la estrategia comunicacional que se empleará, en ella se deberán definir los objetivos, y el papel que jugará cada uno de los elementos que conforman un proceso comunicacional.
Es cuando trazamos una estrategia de comunicación cuando perdemos de vista la riqueza de esta herramienta y el verdadero alcance que tiene; es en este momento en que limitamos nuestra imaginación al canal comunicacional: los medios masivos. Cuando iniciamos el planteamiento limitamos la lucha a una competencia (prácticamente perdida) con los mass media y con la información que ellos dan de la situación actual. Es cierto que contar con un medio masivo suaviza el camino, pero no gira la dirección en la que marcha la sociedad.
Desde lo expuesto, el punto de partida de nuestra estrategia es el conocimiento que tenemos de las personas con las que vamos a conectarnos: ¿conocemos sus intereses?, ¿sentimos sus preocupaciones?, ¿sabemos y entendemos sus posiciones?, ¿conocemos el promedio de educación que hay en el sector?, ¿son familias con emigrantes?, en fin; toda aquella información que hace que podamos entender mejor el grupo con el que nos vamos a comunicar. Es necesario conocer el interés subjetivo del sector al que nos vamos a dirigir, este puede ser una ciudad, un barrio, una comunidad, un país. El número no limita la capacidad de conectarnos (los recursos limitan el espectro de la intervención), pero la masificación sí, la no-consideración de la diversidad sí, el pensar que nuestro camino de intervención es el verdadero sí, definitivamente estos aspectos limitan la capacidad de conectarnos con el sector meta.
En el caso de la salud, por ejemplo, todo contacto con la población (sea éste un programa de sensibilización periódico o una campaña a corto plazo) debería partir del conocimiento de los intereses subjetivos de las personas, por poner un caso, no a todas las personas nos preocupa prioritariamente la prevención. Suena difícil de creer, pero en realidad la práctica común es la no prevención a pesar del conocimiento que podamos tener sobre ella. ¿Qué pasa allí?, ¿cuál es el interés subjetivo de las personas que conforman una sociedad?. La falta de conocimiento, la falta de acercamiento real a las personas, nos pone una barrera que hace que los esfuerzos no den los resultados esperados.
El conocer los intereses subjetivos de las personas nos posibilita establecer quiénes son los receptores-emisores.
Un segundo elemento que debemos tomar en cuenta, parte directamente del conocimiento de los intereses de los que hablamos, éste es el planteamiento del mensaje y el canal, o canales, de comunicación que vamos a utilizar. Cuando hablamos del planteamiento del mensaje, nos referimos a la estructuración que debemos darle, pues el contenido de éste está definido desde el planteamiento mismo de los objetivos de la estrategia comunicacional.
Un tercer elemento es la definición de fases. Si la estrategia comunicacional es parte de un plan mayor, seguramente el avance de los objetivos de este plan (el mayor), deberá marcar el avance en la estrategia de comunicación, cada fase deberá ser quemada y retroalimentada de forma eficiente; es decir, pensar que una actividad no se pudo hacer y que no influirá, es irresponsable, de hecho hará fracasar un elemento y al hablar de un sistema, éste hará fracasar el resultado.
Un cuarto aspecto es el reconocimiento de recursos, no podemos lanzarnos de un avión sin paracaídas, con la esperanza de que abajo nos espero un lago o un mar; es mucho el riesgo. Lo propio sucede cuando hacemos comunicación alternativa sin recursos, a la larga sólo conseguimos perder credibilidad, básicamente porque sin recursos suele darse una falta de cumplimiento a lo planificado y una ausencia de periodicidad en nuestra llegada. En ambos casos podemos desaparecer.
Un último aspecto podría ser el planteamiento de responsabilidades, esto de Fuente Ovejuna no resulta, por tanto el reconocimiento de destrezas y el apoyo de un equipo basado en ese reconocimiento son parte importante a la hora de intervenir en la realidad.
Como vemos, tanto quienes quieren hacer comunicación alternativa como quienes no quieren hacerla, pueden echar mano de estos elementos para tener una mejor llegada al sector de interés. Con estos elementos podemos conectarnos para vender un medicamento o para establecer prevención. Por ello, un buen planteamiento de objetivos con una estrategia coherente nos dará resultados excelentes. No podemos descuidar ningún elemento, porque podemos terminar aportando al sistema, a pesar de que nuestra intención sea derribarlo, por ejemplo, si usamos alternativamente la red electrónica, como un juguete más que nos ayuda en un activismo sin objetivos de transformación, estaremos aportando al sistema; de la misma manera, si somos incapaces de estructurar nuestro discurso en torno a los intereses subjetivos de las personas porque nos creemos dueños de la verdad, también estamos aportando al sistema (disgregamos).
El mundo de la comunicación es uno de los más susceptibles en la compra y en la venta de conciencias, los espejismos tecnológicos cooptan fácilmente nuestra reflexión; por ello, lo alternativo no está sólo en el uso de mecanismos diferentes o en el uso bien intencionado de una tecnología ajena; está en la recuperación del sentido político de la alternatividad, esto es: saber a ciencia cierta si nuestro “camino diferente” es paralelo al establecido por el sistema o, realmente hemos girado el timón y tomamos una ruta hacia la transformación.
DERECHOS HUMANOS, VIOLENCIA DE GENEROY COMUNICACIÓN
DERECHOS HUMANOS, VIOLENCIA DE GENERO
Y COMUNICACIÓN
Por: Nidya Pesántez Calle – GAMMA
“La igualdad ante la ley. Todas las personas serán consideradas iguales y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin discriminación en razón de nacimiento, edad, sexo, etnia, color, origen social, idioma; religión, filiación política, posición económica, orientación sexual; estado de salud, discapacidad o diferencia de cualquier índole”.
Así versa el tercer punto del capítulo dos (de los derechos civiles) bajo el Título III de nuestra flamante Constitución.
Ante la ley todas las personas somos consideradas iguales, ¿iguales a quién? Iguales a usted, iguales a mi… No, definitivamente eso no quiere decir la ley, como tampoco es eso lo que buscamos las mujeres, las mujeres no queremos ser iguales a los hombres. Lo que sí dice claramente la ley y lo que sí queremos las mujeres es que sin importar nuestras diferencias todas las personas tengamos los mismos deberes, los mismos derechos y las mismas oportunidades.
Lastimosamente tanto la declaración constitucional como la búsqueda de las mujeres parecen formar parte de un plan social que no encaja con nuestra realidad ni con nuestro futuro. El problema no es sólo cuestión del no cumplimiento de las leyes, el real problema es nuestra propia actitud ante quien no es igual a nosotras o nosotros; no aceptamos la diferencia, no soportamos la diferencia y lo que es por despreciamos la diferencia; de esta manera conformamos una sociedad intolerante, en donde los derechos humanos son mero discurso y la Constitución otro sueño plasmado en un papel de fantasía (como parece haber sido costumbre por aquí).
En nuestra sociedad la diferencia tiene valoración, así, la raza blanca es más valorada que la mestiza, la mestiza es más valorada que la india; las personas que viven en la ciudad son más valoradas que las que viven en el campo; quienes tienen dinero tienen más valor que quienes no lo tienen; y dentro de todos estos grupos el hombre es más valorado que la mujer. De esta manera, la mujer es doble o tríplemente discriminada: por ser mujer y por su situación económica y posición social.
Haciendo esta lectura es lógico deducir que en nuestro país una persona de raza blanca, hombre, que vive en la ciudad y que tiene dinero tiene valoración social y por tanto todas las oportunidades, y que una mujer indígena campesina sin dinero no es valorada socialmente y por tanto no las tendrá. Pregunto ¿en dónde queda la ley si las personas que debemos trabajar desde todos nuestros espacios para que se cumpla esta ley tenemos estas taras de desprecio y de intolerancia?
Nos hemos auto nombrado superiores a alguien e inferiores a otro, es por esto que cuando tenemos la oportunidad de demostrar nuestro poder queremos que las personas lo sientan, queremos sepan quien manda. Esto pasa en las altas esferas públicas, en las empresas privadas, en la calle, en la plaza en el mercado y por su-puesto en nuestra casa.
Todo eso no es sino consecuencia de una sociedad que se ha construido sobre valores equivocados, no se trata de la maldad o bondad que tengamos las per-sonas en nuestro corazón, sino de cuánto hayamos asimilado e interiorizado el patrón social de comportamiento frente a la diferencia.
Hombres y mujeres un paradójico encuentro
En este tortuoso camino de interrelaciones sociales estamos insertos hombres y mujeres cumpliendo el mandato social así nos hiera. A hombres y mujeres la sociedad nos dio un papel definido que debemos cumplir, también nos dotó de cualidades diferenciadas a las que debemos responder, y nos estableció lugares específicos en los que nos debemos desarrollar. El problema inicia en esta se-paración tajante entre hombres y mujeres pero se agrava con la valoración social que se le da.
Así, los roles, atributos y espacios de los hombres son más valorados que los roles, atributos y espacios de las mujeres. Veamos algunos ejemplos: el papel del hombre es mantener económicamente el hogar y el de la mujer es mantenerlo limpio. ¿Qué es más valorado socialmente, conseguir dinero o mantener limpio el espacio en el que vivimos?… Bueno, indiscutiblemente conseguir dinero, o ¿alguien desea que su hija se quede en la casa lavando, planchando y fregando?
Veamos otro ejemplo, en el caso de los atributos que nos dio la sociedad, los hombres deben ser duros, rudos objetivos y las mujeres sensibles, delicadas y subjetivas. ¿Qué es más valorado en nuestra sociedad, ser duro o ser sensible; ser rudo o ser delicada, ser subjetiva o ser objetivo?…
Y, ¿qué es más valorado desempeñarse en la calle, en las empresas, en las jefaturas, o entre las cuatro paredes de una casa?
El paradigma de nuestra sociedad es masculino por tanto las mujeres somos consideradas complemento, en el mejor de los casos, e inferiores; las consecuencias de este inocente discurso de superioridad son más graves de lo que todas y todos nos imaginamos, y una de las más terribles es la violencia.
Que el hombre sea el paradigma de lo humano no es producto de una mera casualidad ni de la naturaleza, es producto de toda una construcción social que a lo largo de la historia ha ido poniendo uno a uno los ladrillos para levantar la muralla que encierra a las mujeres dentro de un limitado, y por qué no decirlo, cruel entorno.
La mayoría de personas piensa que esta situación es natural y que esto de la construcción social y cultural es mero discurso. Sin embargo es muy fácil demostrar que esta mayoría se ha equivocado. Retomemos los ejemplos anteriores y veamos cuánto de natural tiene la situación de hombres y mujeres: ¿una mujer puede mantener económicamente un hogar?… ¿un hombre puede mantener limpia la casa?… ¿una mujer puede ser objetiva, dura y ruda?… ¿un hombre puede ser subjetivo, delicado y sensible?… ¿una mujer puede desempeñarse en la calle, en las empresas o en las jefaturas?… ¿un hombre puede desempeñarse entre las cuatro paredes de una casa?… ¿Podemos o no podemos las mujeres y los hombres cambiar los papeles que nos han dado, asumir cualidades que nos han negado o movernos en los espacios que nos han prohibido?. Claro que podemos, ¿o tenemos algún problema físico/biológico que nos lo impida?.
En este sistema patriarcal las mujeres hemos perdido mucho en el desarrollo de nuestras capacidades y destrezas para enfrentarnos al mundo que está fuera de nuestra casa: el analfabetismo es mayor entre las mujeres, la participación política es menor entre las mujeres; el acceso a las jefaturas y gerencias es menor entre las mujeres; la profesionalización en carreras técnicas es menor entre las mujeres; y la violencia en contra de las mujeres es definitivamente mayor.
Sin embargo en una encuesta realizada para conocer la percepción de la población sobre esta situación encontramos que un 63% piensa que esto se da porque las mismas mujeres no quieren cambiar. Este criterio fue sustentado con el hecho de que ya existen mujeres que rompen el tradicional papel. Frente a esto me gustaría decir dos cosas, la primera que el hecho de hablar de mujeres que rompen con la tradición es porque existe aún un esquema que romper, que cambiar, una sociedad que reconformar. Y lo segundo, recordemos algo que decía hace un momento: la situación de la mujer “es producto de toda una construcción social que a lo largo de la historia ha ido poniendo uno a uno los ladrillos para levantar la muralla…” la muralla de la inseguridad, la muralla de la falta de autoestima, la muralla del servicio sin esperar nada a cambio, la muralla del sacrifico, la muralla de la violencia. No seamos simplistas, el análisis no es tan sencillo como decir las mujeres no quieren.
Anotemos otro aspecto que no debemos perder de vista en este análisis, ahora que las mujeres estamos rompiendo las reglas y ocupamos cargos altos (en muy contados casos), que trabajamos fuera de la casa o que estudiamos en la universidad estamos “fritas”. Porque esta conquista personal de las mujeres no ha ido acompañada de conquistas de los varones, es decir, las mujeres accedemos y luchamos en el espacio público (tradicionalmente masculino), pero los hombres todavía no se sienten capaces de hacerlo en el espacio privado (tradicionalmente femenino). Así, las mujeres trabajamos tres veces más que ustedes y ganamos mucho menos. Y hasta donde yo se esto no es justicia, equidad o igualdad de oportunidades.
A las mujeres y a los hombres nos han educado de manera tan diferente que a la hora de juntarnos no podemos encontrarnos. Vemos las cosas desde diferente punto de vista, actuamos con otras claves de comportamiento y para llegar a un acuerdo apelamos a la costumbre social y en ésta las mujeres tenemos las de perder.
En este proceso las mujeres no sólo hemos perdido la posibilidad de desarrollar nuestras destrezas sino hemos perdido la posibilidad de hablar, de quejarnos, de denunciar, de gritar. En las paredes de la casa se llora la desgracia, se llora el maltrato, se llora la violencia y se acepta la actitud prepotente de quien tiene el poder en nuestras relaciones de género: el hombre (Pero en entre estas mismas paredes vamos tejiendo la esperanza haciendo que las cosas cambien).
En nuestra sociedad, la diferencia entre hombres y mujeres, lejos de ser una riqueza que aporte al desarrollo humano integral de nuestro pueblo, es el pretexto para el maltrato, el abuso y la violación de nuestros derechos. El hombre tiene el poder por tanto tiene el derecho, así como el rico tiene el poder y tiene el derecho, y cuando desprecian, violan, violentan… no son juzgados ni sentenciados. El hombre tiene el derecho, porque tiene el poder, de agredir no sólo a su pareja sino a cualquier mujer, o ustedes piensan que es casualidad que hayan mujeres violadas, insultadas, lastimadas, heridas y muertas por hombres que nunca conocieron.
Pensar que los hombres son superiores no es un juego que da pie a una tonta guerra de sexos, es la causa de la violación al más elemental derecho de las humanas y humanos: la vida, la vida digna, la vida libre de violencia, los derechos humanos dicen que “todas las personas tenemos derecho a una vida digna y libre de violencia”. Romántica declaración.
Nuestra Constitución recoge esta declaratoria en el Título III, De los Derechos, Garantías y Deberes, en donde en el capítulo 2 (de los derechos civiles) dentro del artículo 23 encontramos lo siguiente:
“La integridad personal. Se prohíben las penas crueles, las torturas; todo procedimiento in-humano, degradante o que implique violencia física, psicológica, sexual o coexión moral, y la aplicación y utilización indebida de material genético humano”
Claramente la Constitución señala que se prohíbe la violencia física, psicológica y sexual, entre otras tipificaciones. Sin embargo, el haber dado a la cotidianidad el carácter de natural y normal ha hecho que perdamos de vista que el maltrato a las mujeres es un problema social, es un delito, es un acto inconstitucional.
“Yo jamás le pego a mi mujer” decía un señor en una entrevista, “y eso que a veces es bien tonta”. ¿Cómo calificarían ustedes a esta expresión?. Como un mérito porque no le pega, como mayor mérito porque no le pega aunque “se merece” por ser tonta, o como maltrato.
“Vaya que loca que es usted, nunca sabe de lo que habla…”, decía un hombre a su esposa. ¿Cuánto creen que esto afecta a una persona que continuamente escucha que no sabe de lo que habla o que es loca?. El maltrato no es pegar a una mujer hasta enviarla a un centro de salud, es cualquier agresión física, verbal o sexual así el resultado no sea la clínica o el hospital.
“Mamacita que rica ven para enseñarte…” Es una típica expresión (generalmente dicha en la calle a una mujer desconocida) producto del ejercicio de poder de los hombres en contra de las mujeres. Esto es violencia de género, no es un hecho aislado de un “guambra majadero”. Y aunque sea doloroso admitirlo la gran mayoría de los hombres piensan que este tipo de expresiones nos gustan a las mujeres. ¡Cuán equivocada anda nuestra sociedad!, ¡Cuánto han dañado la espiritualidad masculina! ¡Cuánto ha resquebrajado nuestras relaciones!
Y así, las mujeres tenemos que escuchar cualquier majadería en cualquier espacio, tenemos que callarnos cuando un jefe a más de nuestras tareas nos pide que limpiemos y barramos porque somos mujeres, o aceptar invitaciones fuera de horario de oficina porque el trabajo está en juego; y hasta los golpes de nuestro compañero que después nos dice que nos ama.
Estamos a las puertas del siglo XXI y aunque las mujeres hemos dado pasos gigantescos tenemos una larga lucha para erradicar la discriminación y la violencia. Lucha que no podemos hacerla solas o aisladas.
La violencia en contra de las mujeres y los mass media
Para entender cómo es que esta situación se ha mantenido por tantos años y los logros sociales y los de las mujeres en comparación con la historia humana sean tan pequeños, debemos escarbar en la construcción de nuestro sistema. Esta sociedad patriarcal de corte capitalista está asentada en pilares sólidamente construidos a lo largo de nuestra historia: la familia, la educación y la iglesia. Esta trilogía institucional es la encargada de moldear y diseñar a las personas dentro de la sociedad a fin de que cada una cumpla con un papel que sustente y alimente el sistema establecido.
“Esta injusticia social a más de la familia, la educación y la iglesia, busca una nueva fuerza que cruce a los anteriores y pueda convivir con las tres y con las personas de forma individual. Por ejemplo si alguien no tiene religión, ni escuela, ni familia, tendrá mensajes a su alcance a través de una radio, una televisión, un periódico o una revista, un medio que entrará en su vida así no sea llamado.
Hasta hace algunos años se vio en los medios de comunicación el fenómeno adiestrador por excelencia, se sostenía que a través de un medio de comunicación se daba una orden y el pueblo en una reacción robotizada respondía positivamente sin cuestionar el mensaje.
Ahora sabemos que no es así, sabemos que las personas tenemos la capacidad de discernir y de discriminar, y esta capacidad viene dada por todo nuestro pasado, como diría Milán Kundera viene dada por “el pozo”, por lo que vivimos y por lo que nos dieron viviendo quienes nos precedieron. A esto se suma nuestro entorno social, y la efectividad de la trilogía institucional en nuestra formación (o deformación como ustedes quieran llamarla).
Los medios masivos de comunicación no son omnipotentes, no tienen la capacidad absoluta de construir o destruir modelos de comportamiento, son el eje en el que nuestro sistema apoya su trilogía institucional fundamental (iglesia, familia y educación) a fin de mantenerla viva, avalándola como conductora y rectora de la buena marcha de una sociedad.
Así las cosas, los medios masivos no tienen que violentar el comportamiento actual en la sociedad, sino retomar los valores que se han insertado en ella y con ellos mantener, a través de sus mensajes, el actual estado de cosas.
Es por esto que una radio, por ejemplo, que transmite mensajes, propagandas, noticias y canciones, en donde la mujer es un ser de segunda no tiene complicaciones ni provoca reacciones, porque el medio no violenta lo que se nos enseña por años, la sociedad escucha con tranquilidad y paciencia lo que se le dice porque no va en contra de lo que siempre ha sabido, ha vivido, ha aceptado.
Este hecho es un punto en contra de los medios y programas de comunicación alternativos, que trabajan por mostrar la posibilidad de vivir un mundo en donde la tolerancia y el respeto a la diferencia sea la base del crecimiento social. Muchas veces los mensajes y transmisiones se pueden volver en contra del medio o programa porque se violentan los valores en los que está asentada la sociedad, valores trastocados que como habíamos dicho antes se sustentan en la inequidad, en la discriminación y en la violencia. Pero estos valores son parte de un conglomerado humano, y es por esto que no podemos entrar negando su existencia.
En este sentido, cambiar la actuación de las personas, cambiar la actitud en la relación entre mujeres y hombres no es tan sencillo como dar recetas de compor-tamiento a través de un medio de comunicación” . Sin embargo, el denunciar los hechos de violencia en contra de las mujeres sin que estos vendan sensacionalismo sino que sustenten las causas de esta violencia; el no usar la imagen de la mujer como cosa pública a la venta; el no dar paso a publicidades discriminatorias (por ejemplo INECEL: una mujer lavando la ropa de un Miguelito que le invita a una fiesta); el propiciar debates informativos e instructivos frente a esta problemática dándole la importancia social que tiene; son entre otras, las formas en las que los medios masivos de comunicación pueden aportar al cambio.
Es claro que las personas dueñas del medio de comunicación son en última instancia quienes deciden, y si la noticia, el evento o el hecho en el que se involucra la problemática de las mujeres no vende, nos sentimos con las manos cortadas porque no tendrá espacio en dicho medio.
¿Por qué la mujer desnuda vende cualquier cosa y la mujer como ser social no sirve para los medios masivos?. Porque formamos parte de este sistema atentatorio contra las libertades y derechos del más del 50% de la población, porque no interiorizamos que este problema no es doméstico sino social, porque alimentamos y nos alimentamos del sistema. Todo esto va en contra de los principios de quienes hacemos comunicación social: enseñar, informar, guiar, educar… Hemos permitido que el poder y el dinero se adueñen de nuestra profesión y respondemos obedientemente a sus exigencias sin molestarnos en estudiar la causalidad de la crisis de valores en la que estamos.
Y como si no fuera suficiente, a través de nuestros medios se transmiten novelas como La Intrusa o Leonela que son un real insulto a las mujeres (a quien se le ocurre que una mujer violada va a enamorarse de el violador, es un despropósito por decir lo menos) noticias, en donde la agresión en contra de las mujeres es abordada desde la crónica roja sin ningún tipo de análisis social sobre la causalidad de esta violencia; publicidades en donde las mujeres aparecemos como seres sin cerebro y con excelente cuerpo, en donde se recalca nuestra “naturaleza servil”, en donde formamos parte del objeto publicitado por “bueno, bonito y barato”; ejemplos de esto tenemos todos los días y a todas horas, en la radio, en la prensa y en la televisión: “Galletas Ricas”, “El Palito” de la Universal, “Las Negras de Oscar”, “Marriot”; publicidades de cigarrillos con lemas como “el placer de fumar” al lado de un cuerpo prácticamente sin rostro porque si nos fijamos, ya ni el rostro de la modelo es decididamente enfocado. En fin, sólo debemos sentarnos a escuchar la radio, ver la televisión, leer el periódico o revistas. En definitiva, en la actualidad la mayoría de los medios de comunicación no sólo que no aportan para cambiar las actuales relaciones entre hombres y mujeres sino que profundizan la brecha que ya existe y la violencia en contra de las mujeres. Si no nos sentimos capaces de trabajar por la solución al menos busquemos la manera de no profundizar el problema
La comunicación social debería aportar en la construcción de una sociedad positiva… Sin embargo, tengo la sospecha de que si no tenemos la conciencia y la certeza de que la violencia de género es un problema social que disminuye la posibilidad de desarrollo de nuestros pueblos, no seremos un aporte en este proceso de transformación que nos beneficiará a todas y a todos.

TUNÉATE
TUNÉATE
Por: Sergio Alejandro Vergne – GAMMA
“¡Tunéate!” Nos dice de manera imperativa la publicidad de una bebida alcohólica que se anuncia en vallas de la vía pública de Cuenca. No parece una invitación o una propuesta a consumir un cierto producto sino más bien una orden, un mandato que se debe cumplir.
“Tú decides el color” nos dice a continuación; paradojas de un discurso que pretende invitar a la libertad, al poder individual, a la necesidad de quebrar normas de conductas y estéticas, pero imponiendo.
El término tunear proviene del inglés y significa algo así como cambio de aspecto; se usa para nombrar los cambios realizados en el carro para mejorarle la imagen, los detalles, y así personalizarlo de acuerdo a los gustos de cada uno. Uno de los valores pilares de la modernidad es precisamente el cambio. Por ello se impone el cambio, se impone la moda y se impone el “tuneado”.
Pero, ¿realmente, propone algún cambio esta publicidad? Veamos:
La campaña está compuesta por dos vallas semejantes entre sí. En una de ellas se oponen dos imágenes de un joven, en el antes y en el después del tuneado; la primera imagen, a la izquierda, corresponde al joven con vestimenta y peinados “clásico”, es un joven “formal”, “sin tunear”; la segunda imagen de esta valla en oposición a la anterior presenta al mismo joven pero modernizado, vestido con ropa y peinados “informales”, con un toque irreverente y rebelde señalados por el peinado y por los anteojos colocados desordenadamente. Tenemos entonces, la imagen del joven clásico-formal y, en oposición, la imagen del joven moderno-informal-tuneado. El sentido de las mismas, por si quedan dudas, está reforzado por el texto “Tunéate con…”.
La otra pieza publicitaria contiene en una primera lectura la misma argumentación que la anterior, el texto y las imágenes están organizados de manera semejante; sólo que esta vez la protagonista es una chica. En la mitad izquierda del anuncio se ve a la muchacha vestida con bluejeans azul ajustado y una simple remera, es decir, está mostrada de manera “clásicamente joven” y del lado derecho, en oposición a la imagen anterior, se ve a la joven ya “tuneada”; es la misma persona, pero vestida de manera más moderna, con pantalón ajustado blanco y remera naranja, mostrando parte de la cintura desnuda. Por oposición, la primera imagen corresponde a la chica de aspecto “clásico”, la segunda es la moderna-informal-tuneada. También aquí el sentido de las imágenes está anclado por el texto: “Tunéate con…”
Son dos vallas semejantes, que pretenden mostrar diferencias, cambios, en el aspecto de dos jóvenes. Pero si observamos bien, hay otra diferencia mucho más marcada que las que pretende señalar, y está dada por el cómo se presentan las diferencias atribuidas al sexo de los protagonistas. En el caso de la primer pieza, el muchacho esta mostrado de frente, de los hombros para arriba, mirando a la cara, con la frente en alto, como corresponde a todo hombre. En el cómo se lo presenta no hay diferencias entre la imagen clásica del joven y la tuneada-posmoderna: ¡son exactamente iguales! En este sentido, en realidad no hay tuneado alguno, las dos imágenes del muchacho que se pretende oponer y diferenciar son completamente semejantes.
En la segunda pieza, por el contrario, la chica es presentada desde la cintura para abajo, y de espaldas. No se le ve el rostro, ni siquiera la cabeza. En ambas imágenes de la mujer, se muestra la parte inferior de la espalda, la cola y parte superior de las piernas. Las dos imágenes de la chica que pretendidamente se quieren oponer ¡son iguales! No hay cambio real. Tampoco aquí la chica está tuneada. No hay diferencias, no hay oposición.
Donde sí se propone una verdadera oposición, entonces, es en el cómo se presentan al joven y a la chica, al varón y la mujer. Es la oposición tradicional construida desde la constitución de nuestra sociedad patriarcal, tan antigua y difícil de desarraigar; oposición que no es nada natural, sino que ha sido y es construida socialmente. Por lo mismo, no es una diferencia de sexos lo que manifiesta la publicidad, sino de los géneros y la relación entre estos tal cual han sido construidos históricamente.
La estructura narrativa publicitaria de ambas piezas se apoya en un sistema de oposiciones antiquísimo, nada nuevo, nada “tuneado”, que manifiesta el sistema de dominio que lo masculino ha ejercido y ejerce sobre lo femenino, tal cual nos describe el sociólogo francés Pierre Bourdieu:
“El cuerpo en su conjunto es también percibido a través de las grandes oposiciones culturales: tiene su parte elevada y su parte baja, cuya frontera está marcada por la cintura, señal de cierre y límite simbólico, al menos entre las mujeres, entre lo puro y lo impuro; tiene su parte delantera, lugar de la diferencia sexual… y su parte posterior, sexualmente indiferenciada y potencialmente femenina, es decir, sumisa…
La parte alta, masculina, del cuerpo, y sus usos legítimos, hacer frente, enfrentar, mirar a la cara, a los ojos, tomar la palabra públicamente, etc, constituyen el monopolio exclusivo de los hombres…” (Bourdieu, 1998)
¿Qué efecto puede producir esta publicidad “tan creativa” que usa la tradicional y centenaria oposición y sumisión de géneros, entonces?
Además de la intención de motivar la compra del producto, el principal efecto de sentido de esta publicidad es señalar y reforzar la oposición entre los géneros construidos histórica y culturalmente en la consolidación del orden patriarcal; el hombre, lo masculino, es la cabeza, la mirada desafiante, el frente, lo superior, el dominio; la mujer, lo femenino, en cambio, es lo posterior, la cintura para abajo, las partes privadas mostradas públicamente, lo inferior, en fin, la sumisión.
Las piezas presentadas, entonces, producen el efecto de reproducir, reforzar, recrear, los discursos sociales tradicionales de discriminación y sumisión de género. Aun si los “tunea” un poquito para que sean más divertidos al público juvenil, destinatario final de estos anuncios.
Decíamos arriba que uno de los valores pilares de la modernidad es el cambio (mediante la razón y hacia el progreso); por ello se impone el cambio, se impone la moda, se impone el “tuneado”. La diferencia es que antes el “cambio” en la modernidad estaba asociado también a la idea de emancipación y al imperativo ético del cambio de estructuras mentales y sociales; ahora, por el contrario, han transformado el “cambio” en un concepto totalmente vacío de contenido. Es expresión de un tipo de cultura posmoderna funcional al conservadurismo político actual, que vacía los sentidos políticos y sociales de los valores modernos; no se trata ya de cambiar la realidad, ni de la emancipación de sujetos colectivos dominados, sino de maquillar, de cambiar la “imagen” personal, individual.
Hoy la publicidad nos “invita” al “tuneado”, al cambio de aspecto, de imagen personal, para que nada cambie adentro… ni en el “afuera” social.
Si el eslogan nos dice “Tunéate”, para promover las mismas estructuras y comportamientos sociales de inequidades de género, de clases, de etnias, de edades, ¿porqué habremos de obedecer? ¿Porqué no sacar la mirada de nosotras/os mismas/os –como nos quieren imponer- para mirar el orden social en que se inscriben estos discursos discriminatorios y sexistas, y nos “decidimos” (como nos dice la propia publicidad) por cambiar no solo el color, sino las formas, los contornos, las figuras, el relleno de las relaciones sociales, de esta socialidad ya anquilosada y perimida?
¡CUIDADO, BANCO MUNDIAL!
¡CUIDADO, BANCO MUNDIAL!
Sergio Alejandro Vergne (GAMMA)
Martes, 21 de febrero, 2006
Luna menguante
Recientemente el Banco Mundial publicó un informe sobre América Latina denominado: “Reducción de la pobreza y crecimiento: círculos virtuosos y círculos viciosos”. En él sostiene que “el comportamiento de la economía latinoamericana en las últimas décadas ha sido decepcionante y la región se ha quedado atrás”. En otra parte señala “la región es una de las más desiguales del mundo”, y agrega con preocupación “la pobreza está entorpeciendo el crecimiento de la región (sic)”.
Lo que no analiza el informe es el papel que el propio Banco cumplió en el trazado de la situación descrita anteriormente. El BM impulsó y financió Reformas de Estado de corte neoliberal, que cambiaron el estado, la economía y la sociedad. El paquete de “modernización” incluyó: privatización de empresas públicas, reforma tributaria y reorientación de la inversión social, en el marco de políticas económicas monetaristas.
Privatizaciones: se vendieron activos de empresas públicas a precios irrisorios, los pasivos en cambio pasaron a engrosar la deuda pública; las privatizadas redujeron personal produciendo desempleo y aumentaron sus tarifas, reduciendo el poder adquisitivo de la población. Los recursos naturales estratégicos se encuentran ahora en manos de multinacionales.
Reforma tributaria: la generalización del IVA y su importancia relativa frente al impuesto a la renta y otros produjeron un sistema tributario sumamente regresivo. Comparativamente, aporta más quien menos tiene, aumentando sus efectos sobre la pobreza.
Políticas sociales: la inversión social antes estaba orientada hacia la oferta mediante políticas públicas de tipo universalistas en educación, salud, jubilaciones y programas sociales. La propuesta del Banco Mundial significó una reorientación de esta inversión hacia la demanda; ahora las políticas sociales se multiplican en cientos de programas “focalizados” hacia sectores. Pero ¿cómo “focalizar” cuando la mayoría de la población se encuentra en situación de pobreza? La reorientación de la inversión social resultó en desmantelamiento de la educación y la salud públicas, redundando en mayores índices de desigualdad.
Las políticas monetaristas impulsadas tanto por el BM como por el FMI promovieron ajustes fiscales, enorme endeudamiento externo, dolarizaciones con efectos negativos en la competitividad frente al mercado externo y una consecuente desindustrialización, retrotrayéndonos a épocas de economía exportadora de materias primas y altamente dependiente. Al Banco le preocupa la pobreza pero no como finalidad hacia donde deben orientarse las políticas de estado, sino en cuanto obstáculo para lo que considera crecimiento económico. Y finalmente señala recomendaciones neoliberales ya probadas durante décadas con un rotundo fracaso.
Por ello, si hiciéramos un análisis sobre el comportamiento del Banco concluiríamos un informe al que llamaríamos: “Banco Mundial y pobreza: círculos viciosos”.